La música es una sucesión de milagros inexplicable... Lo que no entiendo es que si todos podemos asistir al médico cuando lo precisamos... creo que para los que no pueden pagar por ir a un concierto debería ser un derecho. ¡Es alimento para el alma! Y también nuestra mente y nuestra alma deben estar satisfechas y llenas de riqueza y si no lo material no tiene sentido. Pero sobre todo en estos momentos en que todo es tan duro para todos, y particularmente para los jóvenes, que han comenzado una vida y el mundo parece empeñarse en estar muy negro. Darles esa posibilidad, ese momento, es primordial. La cultura es básica en estas circunstancias pues nos sirve para adentrarnos en otros mundos. Yo siempre he dicho que la música.. es un mundo ideal, como el que no hay en la tierra. Es maravilloso acceder y vivir en él aunque sea por unos minutos. A veces te da explicaciones sobre tu propia vida. Cuando toco me gusta que la gente se emocione, que puedan reflexionar sobre su propia vida. Que la música les pueda ayudar, no sé si a sentirse mejor, pero sí a llenar ese vacío que a veces la vida cotidiana puede crear. Leticia Moreno, en Sineris (revista de musicología en la red).
21 diciembre 2013
LETICIA MORENO ACABA DE PRESENTAR DISCO EN DG
...He seleccionado algunas de sus ideas sobre música que transcribo porque creo que hace un breve análisis sociocultural de la realidad musical que merece la pena la extensión de este post.
La música es una sucesión de milagros inexplicable... Lo que no entiendo es que si todos podemos asistir al médico cuando lo precisamos... creo que para los que no pueden pagar por ir a un concierto debería ser un derecho. ¡Es alimento para el alma! Y también nuestra mente y nuestra alma deben estar satisfechas y llenas de riqueza y si no lo material no tiene sentido. Pero sobre todo en estos momentos en que todo es tan duro para todos, y particularmente para los jóvenes, que han comenzado una vida y el mundo parece empeñarse en estar muy negro. Darles esa posibilidad, ese momento, es primordial. La cultura es básica en estas circunstancias pues nos sirve para adentrarnos en otros mundos. Yo siempre he dicho que la música.. es un mundo ideal, como el que no hay en la tierra. Es maravilloso acceder y vivir en él aunque sea por unos minutos. A veces te da explicaciones sobre tu propia vida. Cuando toco me gusta que la gente se emocione, que puedan reflexionar sobre su propia vida. Que la música les pueda ayudar, no sé si a sentirse mejor, pero sí a llenar ese vacío que a veces la vida cotidiana puede crear. Leticia Moreno, en Sineris (revista de musicología en la red).
La música es una sucesión de milagros inexplicable... Lo que no entiendo es que si todos podemos asistir al médico cuando lo precisamos... creo que para los que no pueden pagar por ir a un concierto debería ser un derecho. ¡Es alimento para el alma! Y también nuestra mente y nuestra alma deben estar satisfechas y llenas de riqueza y si no lo material no tiene sentido. Pero sobre todo en estos momentos en que todo es tan duro para todos, y particularmente para los jóvenes, que han comenzado una vida y el mundo parece empeñarse en estar muy negro. Darles esa posibilidad, ese momento, es primordial. La cultura es básica en estas circunstancias pues nos sirve para adentrarnos en otros mundos. Yo siempre he dicho que la música.. es un mundo ideal, como el que no hay en la tierra. Es maravilloso acceder y vivir en él aunque sea por unos minutos. A veces te da explicaciones sobre tu propia vida. Cuando toco me gusta que la gente se emocione, que puedan reflexionar sobre su propia vida. Que la música les pueda ayudar, no sé si a sentirse mejor, pero sí a llenar ese vacío que a veces la vida cotidiana puede crear. Leticia Moreno, en Sineris (revista de musicología en la red).
20 noviembre 2013
Leonora de Verdi. A propósito de la representación de Il Trovatore de Verdi en el Teatro Circo. 20/11/13
No se asusten: no es una nueva ópera de Verdi, ni he cometido un desliz al encabezar el título. Es la modesta crónica que pretendo hacer de los que pudimos ver y oír en la pasada representación de Il trovatore de Giuseppe Verdi, que el pasado miércoles 20 de noviembre en el Teatro Circo de nuestra ciudad. He elegido adrede este título porque refleja lo que —a mi juicio— ocurrió en la pasada función.
Con Il Trovatore, Verdi desnuda los sentimientos más extremos del hombre, nos mueve continuamente entre contrastes opuestos, amor y odio, violencia y calma, venganza y ternura, celeridad y suspensión o vulgaridad y refinamiento, personalmente considero que es la primera ópera de Verdi con un solo color predominante y muy reconocible, oscuro, violento y triste, que la convierte en su obra más romántica.
La melodía que derrocha esta ópera es de las más ricas de las creadas por Verdi y cada una de ellas refleja perfectamente la situación dramática o se hace perfecto eco de los sentimientos personales que viene a acompañar. Prácticamente no existe ningún momento de falta de interés melódico en toda la obra.
Consecuentemente se precisa para un buen Il Trovatore de cuatro voces de excepción manejadas a su vez por cuatro intérpretes de preparación ejemplar, con sentido justo del canto verdiano. Por eso es tan difícil hoy representar esta ópera con la debida solvencia. Y aquí es donde naufragó, en parte, la función de la pasada noche.
Antes de comentar la interpretación musical, quiero hacer constar que hace falta valor, coraje y amor al género para atreverse a llevar a cabo una empresa como poner en escena esta ópera en el Año de conmemoración de Verdi, en una época de estrecheces económicas en todos los campos. Vaya pues por delante mi respeto al proyecto de poner en gira un espectáculo para el disfrute del público de toda la geografía española con resultados más que dignos.
Encabezo este comentario hablando de Leonora. A mi juicio fue todo un descubrimiento. La soprano lírica extremeña Carmen Solís, toda una desconocida para mí, tuvo la mejor interpretación de la noche. Según lo señalado arriba fue la única intérprete que verdaderamente homenajeó a Verdi. Voz de una calidad excelente, dejó claro en su aria de salida su canto despojado, auténticamente verdiano en el fraseo, y su capacidad para exhibir agilidad y brillo en la cabaletta. Pero su gran momento lo tendría reservado para el cuarto acto en el que combinó además capacidad dramática a raudales, canto florido en un momento donde su tesitura está convocada en los tres registros, precisando además de bastante empuje vocal. Y todo sin salir ni un momento de escena para un mínimo descanso. Sin duda fue lo mejor de toda la noche y por lo que mereció asistir a esta representación.
El papel de Manrico a cargo de Eduardo Sandoval tenor lírico spinto estuvo a mucha distancia de Leonora. Su voz fue a menos en lo técnico y aunque posee medios, timbre y color, su fraseo fue todo menos pausado y matizado.
El conde de Luna (Javier Galán) y Azucena (Inés Olabarria) solventaron sus papeles con más arrojo que buenos resultados.
El reducidísimo coro, cuya función es esencial y tiene dos páginas memorables, no tuvo el empaste ni la consistencia exigible a un coro si no fuera porque éste estuviera formado por aficionados. Y la orquesta en esa misma línea. Fue la suma de unos músicos convocados para esta producción y salir del paso, como si este aspecto fuera el menos importante. Craso error. Y claro con esos mimbres su director, Francisco Antonio Moya no logró en ningún momento transmitir la magia de la música de Verdi y en su demérito, no achacable solo a sus músicos, nos hizo sufrir una falta de cuadratura entre la escena y el foso considerable. Era como si la melodía de la voz y la de la orquesta se persiguiesen la una a la otra cuando debían ser al unísono.
La puesta es escena podría haber sido más imaginativa para solventar la falta de medios, pero sólo en el último acto resultó más que aceptable.
Con Il Trovatore, Verdi desnuda los sentimientos más extremos del hombre, nos mueve continuamente entre contrastes opuestos, amor y odio, violencia y calma, venganza y ternura, celeridad y suspensión o vulgaridad y refinamiento, personalmente considero que es la primera ópera de Verdi con un solo color predominante y muy reconocible, oscuro, violento y triste, que la convierte en su obra más romántica.
La melodía que derrocha esta ópera es de las más ricas de las creadas por Verdi y cada una de ellas refleja perfectamente la situación dramática o se hace perfecto eco de los sentimientos personales que viene a acompañar. Prácticamente no existe ningún momento de falta de interés melódico en toda la obra.
Consecuentemente se precisa para un buen Il Trovatore de cuatro voces de excepción manejadas a su vez por cuatro intérpretes de preparación ejemplar, con sentido justo del canto verdiano. Por eso es tan difícil hoy representar esta ópera con la debida solvencia. Y aquí es donde naufragó, en parte, la función de la pasada noche.
Antes de comentar la interpretación musical, quiero hacer constar que hace falta valor, coraje y amor al género para atreverse a llevar a cabo una empresa como poner en escena esta ópera en el Año de conmemoración de Verdi, en una época de estrecheces económicas en todos los campos. Vaya pues por delante mi respeto al proyecto de poner en gira un espectáculo para el disfrute del público de toda la geografía española con resultados más que dignos.
Encabezo este comentario hablando de Leonora. A mi juicio fue todo un descubrimiento. La soprano lírica extremeña Carmen Solís, toda una desconocida para mí, tuvo la mejor interpretación de la noche. Según lo señalado arriba fue la única intérprete que verdaderamente homenajeó a Verdi. Voz de una calidad excelente, dejó claro en su aria de salida su canto despojado, auténticamente verdiano en el fraseo, y su capacidad para exhibir agilidad y brillo en la cabaletta. Pero su gran momento lo tendría reservado para el cuarto acto en el que combinó además capacidad dramática a raudales, canto florido en un momento donde su tesitura está convocada en los tres registros, precisando además de bastante empuje vocal. Y todo sin salir ni un momento de escena para un mínimo descanso. Sin duda fue lo mejor de toda la noche y por lo que mereció asistir a esta representación.
El papel de Manrico a cargo de Eduardo Sandoval tenor lírico spinto estuvo a mucha distancia de Leonora. Su voz fue a menos en lo técnico y aunque posee medios, timbre y color, su fraseo fue todo menos pausado y matizado.
El conde de Luna (Javier Galán) y Azucena (Inés Olabarria) solventaron sus papeles con más arrojo que buenos resultados.
El reducidísimo coro, cuya función es esencial y tiene dos páginas memorables, no tuvo el empaste ni la consistencia exigible a un coro si no fuera porque éste estuviera formado por aficionados. Y la orquesta en esa misma línea. Fue la suma de unos músicos convocados para esta producción y salir del paso, como si este aspecto fuera el menos importante. Craso error. Y claro con esos mimbres su director, Francisco Antonio Moya no logró en ningún momento transmitir la magia de la música de Verdi y en su demérito, no achacable solo a sus músicos, nos hizo sufrir una falta de cuadratura entre la escena y el foso considerable. Era como si la melodía de la voz y la de la orquesta se persiguiesen la una a la otra cuando debían ser al unísono.
La puesta es escena podría haber sido más imaginativa para solventar la falta de medios, pero sólo en el último acto resultó más que aceptable.
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Verdi. Il trovatore
A propósito de Il trovatore de Giuseppe Verdi. Intervención en el Teatro Circo el 19 de noviembre de 2013
Il Trovatore de Verdi
Con Il Trovatore, Verdi desnuda los sentimientos más extremos del hombre, nos mueve continuamente entre contrastes opuestos, amor y odio, violencia y calma, venganza y ternura, celeridad y suspensión o vulgaridad y refinamiento, personalmente considero que es la primera ópera de Verdi con un solo color predominante y muy reconocible, oscuro, violento y triste, que la convierte en su obra más romántica.
Con Il Trovatore, Verdi desnuda los sentimientos más extremos del hombre, nos mueve continuamente entre contrastes opuestos, amor y odio, violencia y calma, venganza y ternura, celeridad y suspensión o vulgaridad y refinamiento, personalmente considero que es la primera ópera de Verdi con un solo color predominante y muy reconocible, oscuro, violento y triste, que la convierte en su obra más romántica.
10 noviembre 2013
BRAHMS y CHAiLLY
08 noviembre 2013
PURO PLACER PARA LOS OÍDOS. NUEVO DISCO FASCINANTE QUE NOS ACERCA A OTRA ÉPOCA
El joven violagambista español Fahmi Alqhai acaba de realizar su primera grabación para Glossa, “Rediscovering Spain – Fantasías, diferencias & glosas”. Junto al grupo Accademia del Piacere pretende así recuperar y actualizar en todos sus aspectos la práctica habitual de los músicos de los siglos XVI y XVII, cuando cualquier pieza musical era una excusa para desarrollar todas las posibilidades de comentario, paráfrasis y glosa del material original compuesto a menudo por otros, y en muchos casos creado para este fin.
La música de los siglos XVI y XVII y su modo de interpretarse, pareciera llevarnos a una sala de conciertos de jazz, donde el músico tiene un papel absolutamente inmediato e innovador, sobre la base de una melodía o de una secuencia de notas o acordes.
Catorce temas entre Fantasías, Diferencias y Glosas, que constituyen todo un homenaje al arte de la improvisación, el arte de hacer bello con tu propia impronta en el momento presente, aquello que te viene dado. En el apartado del sonido, la grabación es casi perfecta.
Y como guinda al pastel, una colaboración de lujo, la de la soprano Raquel Andueza, cuya voz, que pareciera venida directamente del pasado, nos tele transporta, a través de su bella capacidad expresiva, capaz de inundar de emociones cada frase.
La música de los siglos XVI y XVII y su modo de interpretarse, pareciera llevarnos a una sala de conciertos de jazz, donde el músico tiene un papel absolutamente inmediato e innovador, sobre la base de una melodía o de una secuencia de notas o acordes.
Catorce temas entre Fantasías, Diferencias y Glosas, que constituyen todo un homenaje al arte de la improvisación, el arte de hacer bello con tu propia impronta en el momento presente, aquello que te viene dado. En el apartado del sonido, la grabación es casi perfecta.
Y como guinda al pastel, una colaboración de lujo, la de la soprano Raquel Andueza, cuya voz, que pareciera venida directamente del pasado, nos tele transporta, a través de su bella capacidad expresiva, capaz de inundar de emociones cada frase.
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14 octubre 2013
OTRO SORPRESÓN MUSICAL
Esta vez se trata de un disco que reúne a tres artistas húngaros tocando música de compositores de la misma nacionalidad: Bartok, Ligeti y Eotvos,
Esta es la segunda grabación de la joven violinista Patricia Kopatchinskaja en el repertorio de concierto. La colaboración con el director/compositor Peter Eötvos y el programa es una intensa serie de conexiones. Entre Bartok, Ligeti, Eötvös y Kopatchinskaja, hay muchos enlaces: Hungría, la tierra de los tres; pero este disco es más: cuenta con dos joyas del repertorio de violín del siglo XX y la primera grabación mundial de Eötvös '' Seven ', que se refiere a la la pérdida del transbordador espacial Columbia en 2003, y que causó la muerte de sus siete ocupantes.
La violinista Patricia Kopatchinskaja toca de forma soberbia pero la importancia de la contribución orquestal es innegable; hay un impresionante sentido del propósito común y un afán de colaboración en todo. Un disco para no perderse. Aúna tradición y modernidad.
Esta es la segunda grabación de la joven violinista Patricia Kopatchinskaja en el repertorio de concierto. La colaboración con el director/compositor Peter Eötvos y el programa es una intensa serie de conexiones. Entre Bartok, Ligeti, Eötvös y Kopatchinskaja, hay muchos enlaces: Hungría, la tierra de los tres; pero este disco es más: cuenta con dos joyas del repertorio de violín del siglo XX y la primera grabación mundial de Eötvös '' Seven ', que se refiere a la la pérdida del transbordador espacial Columbia en 2003, y que causó la muerte de sus siete ocupantes.
La violinista Patricia Kopatchinskaja toca de forma soberbia pero la importancia de la contribución orquestal es innegable; hay un impresionante sentido del propósito común y un afán de colaboración en todo. Un disco para no perderse. Aúna tradición y modernidad.
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Notas para un programa de mano de Cortos sobre el piano. Organizan Filmoteca y Diputación de Albacete
Gran parte de la música que vais a escuchar en este acto fue compuesta por Chopin, un importantísimo compositor polaco que vivió entre 1810 y 1849.
Si el piano es el instrumento romántico por excelencia se debe en gran parte a la aportación de Federico Chopin. Esto es de tal importancia que por ello ha pasado a la historia de la música y de la cultura.
Hijo de un maestro francés emigrado a Polonia, Chopin fue un niño prodigio que desde los seis años empezó a frecuentar los grandes salones de la aristocracia y la burguesía polacas, donde suscitó el asombro de los asistentes gracias a su sorprendente talento. De esa época datan también sus primeras incursiones en la composición.
En 1829 emprendió su carrera profesional como solista con una serie de conciertos en Viena. El fracaso de la revolución polaca de 1830 contra el poder ruso provocó su exilio en Francia, donde muy pronto se dio a conocer como pianista y compositor, hasta convertirse en el favorito de los grandes salones parisinos. En ellos conoció a algunos de los mejores compositores de su tiempo, y también, en 1836, a la que había de ser uno de el gran amor de su vida, la escritora George Sand. Por su índole novelesco y lo incompatible de los caracteres de uno y otro, su relación se ha prestado a infinidad de interpretaciones. Se separaron en 1847. Para entonces Chopin se hallaba gravemente afectado por la tuberculosis que apenas dos años más tarde lo llevaría a la tumba. En 1848 realizó aún una última gira de conciertos por Inglaterra y Escocia, que se saldó con un extraordinario éxito.
Toda la producción de Chopin está dirigida a su instrumento musical, el piano, del que fue un virtuoso incomparable. En sus composiciones hay mucho de la tradición clásica, de Mozart y Beethoven, y también algo de Bach, lo que dota a sus obras una envergadura técnica y formal que no se encuentra en otros compositores coetáneos.
La melodía de los operístas italianos, con Bellini en primer lugar, y el folclor de su tierra natal polaca, evidente en sus series de mazurcas y polonesas, son otras influencias que otorgan a su música su peculiar e inimitable fisonomía. Si bien en una primera etapa cultivó las formas clásicas (Sonata núm. 1, los dos conciertos para piano), a partir de mediados de la década de 1830 prefirió otras formas más libres y simples, como los impromptus, preludios, fantasías, scherzi y danzas. Sus poéticos nocturnos constituyen una excelente prueba de ello: de exquisito refinamiento expresivo, tienen una calidad lírica difícilmente explicable con palabras.
En The Magic piano, la primera de las películas del programa de este acto, tiene como banda sonora algunos estudios de Chopin, el primero de ellos es el estudio Op. 10, n.º 1 compuesto conocido con el nombre de “las escaleras”). Un estudio es una obra musical pensada para la enseñanza del piano. En este caso para practicar arpegios y la apertura de la mano derecha. Su escritura es bastante simple pero armónicamente es de gran virtuosismo. Chopin agrupó este tipo de obras en dos grupos el el Op. 10 y otros en el Op. 26 (la palabra Op. significa “opus” traducido del latín obra y es la forma de catalogar las obras de los compositores por fecha de composición).
La otra pieza que sirve de banda sonora de The Magic piano es el estudio Op. 10 nº 7, lleva por nombre Toccata (para tocar) un tipo de música barroca para teclado en las cuales una mano y luego la otra, realizaban virtuosos pasajes en cascada con un acompañamiento de la otra mano.
En el corto Behind the scenes se sirve de nuevo de la música de Chopin. En este caso el estudio Op. 25, nº3 que recibió, no por parte de Chopin, el título secundario de “El caballero”, posiblemente debido al sonido de la pieza. El objeto principal de este estudio es el ritmo. Presenta cuatro voces diferenciadas que deben hacerse notar por el intérprete. Consiste en movimientos laterales de la mano, con floreos y refinamiento.
En el corto Paperpiano la banda sonora está basada en el estudio Op. 25, nº 7. Este estudio se diferencia de forma muy marcada de otros estudios de Chopin, pues se aleja del virtuosismo y se centra, en cambio, en la expresividad de las frases y en la perfección del sonido, en especial en la mano izquierda, que lleva la melodía en la mayor parte de la pieza.
En el corto A la francesa, una visión de la corte de Versalles cuyos intérpretes son aves, se usa como música un fragmento de El burgués gentilhombre de Jean Baptiste Lully (1632-1687) fue un compositor francés de origen italiano, creador de la ópera francesa. Esta obra reproduce el género de la comedia-ballet a la perfección y es, en sí misma, una de las obras maestras del género en la que se aúnan los mejores comediantes y músicos de su tiempo.
En la película Papas hoy la música usada es el Estudio Op. 25, n.º 9, que es un estudio para piano que se le conoce por el título de “La mariposa”, y es una pieza muy tocada entre los pianistas de jazz y se interpreta a menudo con un toque de jazz o swing.
Por último en el corto Plink es Estudio Op. 10, n.º 4. el que le da sonido. Esta pieza se indica un tempo muy rápido y es uno de los estudios más difíciles de Chopin. En este caso, se centra en desarrollar la habilidad de poder hacer bien distinguible la melodía, que pasa continuamente de una mano a otra. También es conocido bajo el título de “Torrente”.
Todas las piezas de las películas —excepto A la francesa— han sido interpretadas por Lang Lang.
Lang Lang, la superestrella del piano actual
A un pianista en la cumbre se le dan por supuestas varias cosas. Virtuosismo, dominio de un abanico amplio del repertorio, personalidad, trascendencia, color, énfasis, tanto arrebato como templanza, sensibilidad extrema... Los intérpretes maduros suelen mostrar todas esas virtudes. Lang Lang también. Pero es que él tiene 26 años. ¿Qué será cuando cumpla 50?
Pues habrá que soñar con llegar a escuchar a este prodigio chino. Por ahora han disfrutado de su música en algunas ciudades de España pues ha ofrecido una gira por nuestro país.
Es un pianista mediatico, como lo puede ser un buen jugador de fútbol. Participó en la ceremonia de inauguración de la Olimpiada de Pekín. Viste de manera informal y en algunos de sus conciertos la escena es similar a los de las estrellas del pop-rock.
Asusta e ilusiona a quienes aman el piano imaginar cuál será el límite de este chaval que quiso aprender a tocar el piano después de ver unos dibujos de Tom y Jerry por televisión. Llegó a la música afectado por una infección de oído. Pero ese pequeño percance no robó un ápice de su expresividad. Lang Lang no es un pianista ermitaño ni cerrado, todo lo contrario. Toca para la gente, para quien en cada momento le escucha. No para el más allá. Es de este mundo. Y eso le engrandece.
06 octubre 2013
A LA ÓPERA CON LOS HERMANOS ZAPICO
Después de unos días de escucha recomiendo este maravilloso disco, por lo atractivo del planteamiento y la cuidada elección a cargo del sello alemán Winter&Winter. Cada obra escuchada es como si cogieras una caja con unos bombones pequeños, la abrieras un poco, olieras la esencia de esa ópera, cerraras la caja y luego fueras a coger otra. Ese montón de delicias de chocolate se llama «Ópera Zapico» y en él los tres jóvenes hermanos músicos barrocos se han propuesto condensar algo así como 180 años de ópera, de Monteverdi a Mozart, en diecisiete piezas donde se reduce toda una orquesta a dos laúdes y el clave, o el órgano, tratando de que el espíritu del aria no desaparezca.
El secreto de este disco es acercarse a la esencia de una música, muy popular en su tiempo, a través de la simplicidad. Lo han conseguido con creces. Y otra cosa además: no dejaré de prestar atención a su trabajo.
El secreto de este disco es acercarse a la esencia de una música, muy popular en su tiempo, a través de la simplicidad. Lo han conseguido con creces. Y otra cosa además: no dejaré de prestar atención a su trabajo.
03 septiembre 2013
ROZANDO LA PERFECCIÓN
Acabo de obtener el último disco de la joven violinista alemana Janine Jansen, que lidera a un grupo de buenísimos músicos —por cierto todos hombres—, en una sesión de música de cámara de lujo.
Incluye el disco dos obras de música de cámara capitales en la historia de la música aunque muy distintas entre sí: Noche transfigurada de Schoenberg, obra postromántica, donde es notoria una gran influencia de las complejas armonías cromáticas de Wagner y Strauss que llevan a la tonalidad a su límite, y rozan al atonalismo. Completa el disco una soberbia ejecución del Quinteto en Do Mayor de Schubert, una obra maestra y, tal vez, la más grande de todas sus obras en punto a emoción, calidad de la materia elaborada y perfección formal. Añade valor una grabación diáfana. Menudo rato he pasado.
Incluye el disco dos obras de música de cámara capitales en la historia de la música aunque muy distintas entre sí: Noche transfigurada de Schoenberg, obra postromántica, donde es notoria una gran influencia de las complejas armonías cromáticas de Wagner y Strauss que llevan a la tonalidad a su límite, y rozan al atonalismo. Completa el disco una soberbia ejecución del Quinteto en Do Mayor de Schubert, una obra maestra y, tal vez, la más grande de todas sus obras en punto a emoción, calidad de la materia elaborada y perfección formal. Añade valor una grabación diáfana. Menudo rato he pasado.
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01 agosto 2013
UN REGALO BARROCO EN OCASIÓN ÚNICA
Aun me parece mentira que haya sucedido, pero fue real. El pasado miércoles pude asistir a un concierto de música barroca en una fecha poco frecuente, el 31 de julio a las 18:30 donde se interpretaron las cinco Piezas de clavecín en concierto de Rameau, en la magnífica sala del Centro Cultural de la Asunción, un lugar ideal para este tipo de música, mucho mejor que al aire libre como interpretaron recientemente en el Festival de Chinchilla, en versión para trío. Esta vez con el formato de cuarteto —¡como ganan estas obras con la participación de la flauta!— en un un concierto autoorganizado por La Reverencia, para “rodar” estas obras antes de interpretarlas en Santander y grabarlas próximamente, pues el próximo año se conmemorará el 250 aniversario de su muerte; convocados por las redes sociales y los medios de comunicación on-line y de papel, la velada me recordó —salvando las distancias— a los conciertos por suscripción de la época de Mozart y sucesores. El concierto fue grabado por el técnico de sonido Pascual D. Lorenzo González, otro personaje fundamental de la música en nuestra ciudad, pues ha grabado gran parte de los conciertos de música clásica en nuestra ciudad.
01 julio 2013
¡VAYA REGALO DE DISCO!
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28 junio 2013
UN DISCO SENCILLAMENTE IRRESISTIBLE
Venimos siguiendo desde hace años a este joven cantante —tiene tan sólo 43 años— y estamos observando la que es una carrera meteórica en ascenso, provocada por la necesidad de disfrutar de voces verdaderamente relevantes por el público aficionado que asiste a los teatros de ópera.
A la importante participación que le hemos visto —el último fue el Pasifal del Metropolitan de Nueva York—, que en nuestra ciudad pudimos ver gracias a la retransmisiones en directo de Cines Yelmo, se suma la publicación de este importante disco que hace un retrato de los personajes más afines al cantante y que le solicitan de todos los teatros de ópera del mundo.
En su último disco el tenor muniqués celebra el bicentenario de Wagner con un esplendido recital al que suma la ventaja de tener un wagneriano de raza, Donald Runnicles, al frente de la orquesta de la Deutsche Oper berlinesa, una asociación que es ideal complemento con el cantante.
La voz se halla en absoluta plenitud; robusta, densa, viril, oscura (mas allá de los reparos de algunos críticos hacia su técnica de emisión o el engolamiento que otros le reprochan) con la resonancia baritonal que lo acerca al sonido del tenor heroico hoy prácticamente extinguido, aunque en instancias abuse de la impostación baja. Artista inteligente e intérprete moderno, Kaufmann es un mago de las dinámicas y crescendos, que añade una entrega probada por interpretaciones intensas de infrecuente soltura y musicalidad, sin contar con la impecable dicción en su idioma natal.
Siegmund y Lohengrin, sus dos personajes wagnerianos de mayor relevancia, están representados con Ein Schwert verhiess mir der Vater y su ya clásico In fernem Land cuyos pianissimi han despertado admiración, y no poca controversia. Después de una exquisita plegaria de Rienzi aborda dos arduos papeles que ojalá no intente en escena —al menos por ahora— Tannhäuser y su narración de Roma y Siegfried y los murmullos de la foresta. En ambos emerge victorioso, un Tannhäuser de impresionante espectro dramático en todo sentido y un Siegfried como hoy no se escucha, detallado, juvenil, fresco y con una enunciación tan inmaculada como la orquesta que lo enmarca.
Curiosa la inclusión de los Wesendonck Lieder, en la orquestación de Félix Mottl y raramente escuchado por voces masculinas.
Inmejorable aportación al año Wagner con un Kaufmann que indudablemente traerá nuevos adeptos a su música en una grabación óptima bajo una batuta y orquesta que saben lo que hacen. Sencillamente irresistible.
A la importante participación que le hemos visto —el último fue el Pasifal del Metropolitan de Nueva York—, que en nuestra ciudad pudimos ver gracias a la retransmisiones en directo de Cines Yelmo, se suma la publicación de este importante disco que hace un retrato de los personajes más afines al cantante y que le solicitan de todos los teatros de ópera del mundo.
En su último disco el tenor muniqués celebra el bicentenario de Wagner con un esplendido recital al que suma la ventaja de tener un wagneriano de raza, Donald Runnicles, al frente de la orquesta de la Deutsche Oper berlinesa, una asociación que es ideal complemento con el cantante.
La voz se halla en absoluta plenitud; robusta, densa, viril, oscura (mas allá de los reparos de algunos críticos hacia su técnica de emisión o el engolamiento que otros le reprochan) con la resonancia baritonal que lo acerca al sonido del tenor heroico hoy prácticamente extinguido, aunque en instancias abuse de la impostación baja. Artista inteligente e intérprete moderno, Kaufmann es un mago de las dinámicas y crescendos, que añade una entrega probada por interpretaciones intensas de infrecuente soltura y musicalidad, sin contar con la impecable dicción en su idioma natal.
Siegmund y Lohengrin, sus dos personajes wagnerianos de mayor relevancia, están representados con Ein Schwert verhiess mir der Vater y su ya clásico In fernem Land cuyos pianissimi han despertado admiración, y no poca controversia. Después de una exquisita plegaria de Rienzi aborda dos arduos papeles que ojalá no intente en escena —al menos por ahora— Tannhäuser y su narración de Roma y Siegfried y los murmullos de la foresta. En ambos emerge victorioso, un Tannhäuser de impresionante espectro dramático en todo sentido y un Siegfried como hoy no se escucha, detallado, juvenil, fresco y con una enunciación tan inmaculada como la orquesta que lo enmarca.
Curiosa la inclusión de los Wesendonck Lieder, en la orquestación de Félix Mottl y raramente escuchado por voces masculinas.
Inmejorable aportación al año Wagner con un Kaufmann que indudablemente traerá nuevos adeptos a su música en una grabación óptima bajo una batuta y orquesta que saben lo que hacen. Sencillamente irresistible.
18 mayo 2013
Admirable disco de la violinista Julia Fischer con los conciertos de Dvorak y Bruch
Julia Fischer toca el violín y el piano, ambos de forma maravillosa. Hace un tiempo la escuché en un DVD interpretando el Tercero para violín de Saint-Saens y el de piano de Grieg, en el mismo concierto y he de decir que quedé anonadado. De apenas 30 años y con una dilatada carrera ya en sus manos, he escuchado prácticamente todos sus discos tanto en Pentatone como en Decca y es una intérprete a la que sigo con atención. Mejor violinista que pianista, sus grabaciones se han decantado felizmente por el instrumento de cuerdas.Ahora acaba de publicar Decca un disco en el que interpreta los conciertos para violín de Dvorak (1879) y Bruch (1868), ambos de ellos con el mismo dedicatario Joseph Joachim y de una estética y lenguajes similares.
De nuevo Fischer está soberbia, exhibiendo un sonido pleno, muy bello, de una técnica y una afinación prácticamente perfectas, y, por encima de todo, interpretando los hermosos Conciertos con una entrega, pasión, vuelo lírico y ensoñación a pedir de boca. Hace honor a su justa fama de ser uno de los grandes nombres actuales del violín. La compañía de David Zinman, como director de la Tonhalle Orchestra de Zurich es igualmente excelente.
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02 mayo 2013
Un violonchelista de irresistible musicalidad y dominio técnico.
Nacido en Munich, Daniel Müller-Schott comenzó a estudiar violonchelo con seis años. En 1992, con 15 años, ganó el Premio Chaikovsky de Moscú de jóvenes intérpretes siendo el ganador más joven de la competición de toda la historia.
El alemán (muniqués) Daniel Müller-Schott es un violonchelista joven, en auge y en alza, con sonido pleno y vigoroso, y un intérprete dotado de notable temperamento que, cuando la música así lo aconseja, sabe replegarse para que floten los caracteres intimistas o los líricos.
Su ejecución de todas la obras de los cinco discos que he vuelto a escuchar son impecables en lo técnico y muy musical. Posee un sonido pleno, grave y cálido, opulento, de tono inmaculado y fraseo elegantemente apasionado.
Se ajusta con naturalidad a las distintas estéticas que recorre en una discografía que se nos antoja ya de referencia. Adorna su fraseo, además, con un delicado vibrato que proyecta una sombra lánguida y soñadora sobre el torrente melódico que tiene a su disposición, pronunciando cada frase con convencimiento y tierno desgarro, vocalizando, declamando como un actor que quiere ser comprendido.
Por experiencias como descubrir intérpretes como él uno le da gracias a la vida por poder disfrutarlo. Desde este momento me he propuesto escucharle en vivo, mientras, unos días más le seguiré escuchando como si fuera para mí una obediencia debida.

19 abril 2013
UN BRAHMS COMO LOS DE ANTES
La música de Brahms me acompaña en los momentos de mayor melancolía. Es como si formara parte de la banda sonora de las etapas de mayor introspección de mi vida. Estos días no me canso de oir a Arabella Steinbacher, joven violinista alemana, aunque de estética conservadora cuyas maneras recuerdan más al pasado que al presente y ahí reside su principal atractivo: belleza del fraseo que coloca por encima de los efectos dinámicos o tímbricos de estas maravillosas obras —las sonatas para violin de Brahms editadas por el sello Pentatone, con acompañamiento de Robert Kulek, publicado en 2011—. Especialmente interesante la elección de los tempi, algo morosos, que transmiten serenidad, sosiego, pero que muestran de forma transparente la estructura armónica y la belleza melódicas de estas pequeñas joyas de la música de cámara. Su técnica es pulida y de una bella y variada paleta de timbres. La calidad de la toma de sonido del disco es apabullante y en la habitual edición —en este sello— en formato SACD.
17 abril 2013
El silencio en la música
05 abril 2013
LAURA RUIZ FERRERES, INTÉRPRETE A RECORDAR
He descubierto una nueva joven intérprete española de calidad. Se trata de Laura Ruiz Ferreres, clarinestista de origen tarraconense que —y esta es la lástima, aunque a nadie extraña a estas alturas— es Profesora Catedrática de la Hochschule für Musik und Darstellenden Kunst de Frankfurt.
El descubrimiento ha sido por la edición —que he descargado de itunes— de la obra completa para música de cámara para clarinete de Johannes Brahms, o lo que es lo mismo, obras cimeras de la historia de la música. Sorprende, dada su juventud, su dominio técnico del instrumento, su musicalidad y calidad interpretativa.
No es este el primer disco de la intérprete. Antes grabó en julio de 2006 un disco dedicado a Música contemporánea portuguesa integrando el Trio Mediterrain, con obras originales dedicadas al propio grupo por los compositores portugueses João Pedro Oliveira, Nuno Côrte-Real, Vasco Mendonça y Sérgio Azevedo. Posteriormente, en octubre de 2009, con el Ensemble Mediterrain rinde homenaje a Isaac Albéniz en las celebraciones de su centenario con el estreno mundial de la versión para ensemble de cámara de su famosa "Suite Española", op. 47", realizada por Bruno Borralhinho, director artístico y violonchelista del grupo. Un "clásico" completa el repertorio de este interesante disco, grabado en directo: el Septeto de Beethoven para vientos y cuerdas. El disco anterior al que comentamos lo grabó en el mismo año 2009 con obras para clarinete solo de autores como Berio y Stockhausen, Denisov y Donatoni, Messiaen, Donatoni, Penderecki, Bucchi y Denisov.
Dada su calidad no es extraño que haya sido invitada a tocar como clarinete solista en las mejores orquestas como con la Staatskapelle de Dresden, Bayerisches Staatsorchester de Múnich, Staatskapelle de Berlín, Hamburger Philharmoniker y la Orquesta de Cadaques y con los mejores directores como Daniel Barenboim, Sir Colin Davis, Vladimir Ashkenazy, Bernhard Haitink, Sir Neville Marriner, Kent Nagano, Christoph Eschenbach, Paävo Jarvi, Pierre Boulez, etc...
Más información en su web: http://www.lauraruizferreres.com/
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Laura Ruiz Ferreres
31 marzo 2013
MÚSICA POR PARTIDA DOBLE EN CUENCA. 52SMRC

Cita habitual para los melómanos en Cuenca. La meca de la música para los creyentes católicos y también para los ateos, pues los mejores ejemplos de música religiosa —pensamos— hayan sido creados por sus autores por encargo a mandato de los que sufragaban su sustento, o bajo un ambiente general donde la religión doblegaba la libertad individual de las personas, como ocurre en algunas zonas del planeta en la actualidad.
Dos conciertos pude escuchar en esta ciudad. El primero fue una revelación total. Por descubrir una magnífica sala, la antigua iglesia de la Santa Cruz —ahora reconvertida en sala de cultura— que posee una magnífica acústica. Otro punto a favor de mi expectación ante este concierto era que iba a escuchar por primera vez —además en directo— una actuación del Cuarteto Bretón. Qué suerte que algunos de los conciertos incluidos en esta Semana de música religiosa, no tengan ningún carácter religioso. En el programa dos cuartetos de la tártara Sofia Gubaidulina (1931—), los números 2 y 3, una experiencia de música actual en donde se ponen en práctica técnicas que nunca había escuchado en un cuarteto como es tocar sólo con la mano izquierda golpeando las cuerdas contra el mastil (como hacen los guitarristas y bajistas de instrumentos modernos —tapping, creo que se llama—). El programa continuó sin solución de continuidad con el cuarteto nº 2 del vasco Jesús Guridi (1886-1961) que me pareció todo un descubrimiento por la calidad de su música —no igual en toda la obra—, pero que se alza entre los curiosos, e injustos, olvidos que se han producido en la historia de la música española. Por ello ha sido importante que la 52SMR lo haya programado este año. Las interpretaciones del Bretón me parecieron de gran nivel: tensas, matizadas, cuidadas y técnicamente ajustadas.
El segundo concierto tenía como eje de atracción una de las cimas de la música religiosa de todos los tiempos, debida al genio de Mozart; al nivel de las misas de Bach (en si menor), la de Beethoven (solemnis) y el Requiem con el que comparte que ambas obras las dejó inconclusas. Antes de esa obra, lo que a la postre sería lo mejor de la noche en términos interpretativos, escuchamos los “Motetes para el tiempo de penitencia” de Poulenc. Ambas obras tienen algo en común aunque sus autores estuvieran tan alejados en el tiempo: reelaborar desde una nueva visión técnicas compositivas del pasado. Poulenc se basa en Palestrina y T. L. de Victoria y Mozart en Bach o Haendel. A mi este juego me apasiona. Por eso la música de Poulenc nos sobrecogió, ayudado de un magnífico Orfeón Donostiarra, sin duda la mejor agrupación coral de España. En Mozart sin embargo la decepción se apoderó de mis oidos. Orquesta moderna, brillante, incluso mal empastada con algunos problemas de coordinación con el coro —que denotaban falta de ensayo—, algunas deficiencias instrumentales (recuerdo aún la desafinación de los trombones en al santus). El cuarteto vocal no fue para recordar. Menos mal que el Orfeón Donostiarra estuvo a nivel estratosférico, pues el director condujo la obra de una manera vulgar, acelerada, sin misterio, inexpresivamente, solo atento a la orquesta y no a solistas y coro a los que solapó incomprensiblemente. Y eso que la orquesta era la del Mozarteum de Salzburgo. Pues bien, si allí es posible que hagan el mejor de las interpretaciones de Mozart —cosa que dudo— la pasada noche en Cuenca no lo hicieron.
02 marzo 2013
COSÌ FAN… MADRID
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