19 abril 2013

UN BRAHMS COMO LOS DE ANTES




















La música de Brahms me acompaña en los momentos de mayor melancolía. Es como si formara parte de la banda sonora de las etapas de mayor introspección de mi vida. Estos días no me canso de oir a Arabella Steinbacher, joven violinista alemana, aunque de estética conservadora cuyas maneras recuerdan más al pasado que al presente y ahí reside su principal atractivo: belleza del fraseo que coloca por encima de los efectos dinámicos o tímbricos de estas maravillosas obras —las sonatas para violin de Brahms editadas por el sello Pentatone, con acompañamiento de Robert Kulek, publicado en 2011—. Especialmente interesante la elección de los tempi, algo morosos, que transmiten serenidad, sosiego, pero que muestran de forma transparente la estructura armónica y la belleza melódicas de estas pequeñas joyas de la música de cámara. Su técnica es pulida y de una bella y variada paleta de timbres. La calidad de la toma de sonido del disco es apabullante y en la habitual edición —en este sello— en formato SACD.



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