16 mayo 2016

PARA REPETIR, POR FAVOR

El pasado miércoles el dúo de pianos Goya, integrado por Claudia Dafne Sevilla y Theodore Lambert ofrecieron un concierto de gran interés, y que en parte espoleó a la melomanía local, entre otras cosas porque uno de los músicos integrantes del dúo nació y se ha criado en nuestra ciudad, aunque ahora por orientación de su carrera musical viva fuera de ella. Y sabemos que eso suele añadir, entre otros, a curiosos por conocer la calidad artística de una persona con la que han compartido vivencias.

No debe ser baladí para un músico, o al menos no lo debería ser, la elección de las obras a incluir en el programa de un concierto. Se dice mucho más de lo que el público suele reconocer, siempre que el programa haya sido libremente escogido por los artistas y no por el programador para incluirlo en un ciclo o ensalzar la música de un determinado autor. En algunos casos la propuesta de los músicos obedece a sus preferencias personales, en otros casos desean dar a conocer obras que no son muy frecuentadas en salas de conciertos. Bien, pues en este caso la selección de las obras a interpretar ha sido ejemplar. Todas las obras son originales para el dúo de pianos (rigor), observan un orden cronológico (didáctico), responden a estéticas diversas y alejadas entre sí (Mozart a Adams), se introducen músicas actuales (Adams, 1996). En fin que todos ello confluye en conformar una experiencia sonora envolvente por la que es difícil no sentirse atraído. Y lo consiguieron sin duda.

El programa comenzó con la sonata para dos pianos de Mozart, en estilo galante, con melodías entrelazadas y cadencias simultáneas. Esta es la única sonata que compuso para dos pianos; preciosa. Las variaciones sobre un tema de Haydn son originarias para dos pianos y no para orquesta por la que han obtenido su mayor fama; y son magníficas. A partir de ahí el programa fue inteligentemente modificado en la segunda parte para ofrecer en primer lugar la primera suite para dos pianos que el compositor ruso escribió en 1893, que ilustra cuatro fragmentos de poemas rusos, y ene segundo lugar al guiño a la modernidad que es “Halleluja Junction” de John Adams, compuesta en 1996 y cuyo nombre que proviene de una pequeña parada de camiones en los EEUU entre California y Nevada. Es fascinante de principio a fin, de rabiosa modernidad, pero plenamente audible; se debe reconocer que la propuesta de Adams es acertada y encontró una interpretación ideal de la que el dúo Goya realizó en este concierto.

Fuera de programa y como bis, después de casi dos horas de concierto, que se nos hicieron cortas sin lugar a dudas, el Concertino para dos pianos de Shostakovich. Más que un bis fue un regalo de los intérpretes, por su duración —pareciera que no querían dejar el contacto con el público—, como por el calor e intensidad con la que la interpretaron.

No es fácil tocar pendiente de otro músico cuando se tocan los mismos instrumentos. Se ponen en juego timbres de forma simultánea de los que no siempre se sabe el músico que los produce, además de problemas de diferenciación tímbrica de tantos sonidos, a veces smultáneos. Pero quizás el quiz de esta formación está en el aumento de las posibilidades por dos que ya de por si tiene un piano, y en la duda de qué músico adquiere en cada momento el papel protagónico, cuando lo hay. Eso es lo que seduce de la escucha de esta formación. Claudia y Theodore dan la sensación de gran compenetración, que no han sido convocados simplemente para tocar juntos en esta ocasión. Y ello se nota en la planificación de cada obra, en la rotación por los dos instrumentos —en este caso, lamentablemente, muy distintos entre sí—, en la concepción consensuada de su interpretación. Y ello en un programa de gran dificultad técnica. Una profunda sorpresa, pues, por el elevado nivel interpretativo mostrado por ambos pianistas que motivan que este comentario escrito pretenda pasar de la simple reseña a la reivindicación de su futura programación en nuestra ciudad. Y no sólo por el origen de uno de sus miembros, que también, sino porque nos hacen disfrutar escuchándoles, que es lo más importante. 

P.D. Creo que el programa de mano abunda en datos biográficos de los artistas e ignora información sobre las obras interpretadas y que los músicos tuvieron la cortesía de ofrecer de viva voz.

12 mayo 2016

PARA REPETIR, POR FAVOR

El pasado miércoles el dúo de pianos Goya, integrado por Claudia Dafne Sevilla y Theodore Lambert ofrecieron un concierto de gran interés, y que en parte espoleó a la melomanía local, entre otras cosas porque uno de los músicos integrantes del dúo nació y se ha criado en nuestra ciudad, aunque ahora por orientación de su carrera musical viva fuera de ella. Y sabemos que eso suele añadir, entre otros, a curiosos por conocer la calidad artística de una persona con la que han compartido vivencias.


No debe ser baladí para un músico, o al menos no lo debería ser, la elección de las obras a incluir en el programa de un concierto. Se dice mucho más de lo que el público suele reconocer, siempre que el programa haya sido libremente escogido por los artistas y no por el programador para incluirlo en un ciclo o ensalzar la música de un determinado autor. En algunos casos la propuesta de los músicos obedece a sus preferencias personales, en otros casos desean dar a conocer obras que no son muy frecuentadas en salas de conciertos. Bien, pues en este caso la selección de las obras a interpretar ha sido ejemplar. Todas las obras son originales para el dúo de pianos (rigor), observan un orden cronológico (didáctico), responden a estéticas diversas y alejadas entre sí (Mozart a Adams), se introducen músicas actuales (Adams, 1996). En fin que todos ello confluye en conformar una experiencia sonora envolvente por la que es difícil no sentirse atraído. Y lo consiguieron sin duda.

El programa comenzó con la sonata para dos pianos de Mozart, en estilo galante, con melodías entrelazadas y cadencias simultáneas. Esta es la única sonata que compuso para dos pianos; preciosa. Las variaciones sobre un tema de Haydn son originarias para dos pianos y no para orquesta por la que han obtenido su mayor fama; y son magníficas. A partir de ahí el programa fue inteligentemente modificado en la segunda parte para ofrecer en primer lugar la primera suite para dos pianos que el compositor ruso escribió en 1893, que ilustra cuatro fragmentos de poemas rusos, y ene segundo lugar al guiño a la modernidad que es “Halleluja Junction” de John Adams, compuesta en 1996 y cuyo nombre que proviene de una pequeña parada de camiones en los EEUU entre California y Nevada. Es fascinante de principio a fin, de rabiosa modernidad, pero plenamente audible; se debe reconocer que la propuesta de Adams es acertada y encontró una interpretación ideal de la que el dúo Goya realizó en este concierto.

Fuera de programa y como bis, después de casi dos horas de concierto, que se nos hicieron cortas sin lugar a dudas, el Concertino para dos pianos de Shostakovich. Más que un bis fue un regalo de los intérpretes, por su duración —pareciera que no querían dejar el contacto con el público—, como por el calor e intensidad con la que la interpretaron.

No es fácil tocar pendiente de otro músico cuando se tocan los mismos instrumentos. Se ponen en juego timbres de forma simultánea de los que no siempre se sabe el músico que los produce, además de problemas de diferenciación tímbrica de tantos sonidos, a veces smultáneos. Pero quizás el quiz de esta formación está en el aumento de las posibilidades por dos que ya de por si tiene un piano, y en la duda de qué músico adquiere en cada momento el papel protagónico, cuando lo hay. Eso es lo que seduce de la escucha de esta formación. Claudia y Theodore dan la sensación de gran compenetración, que no han sido convocados simplemente para tocar juntos en esta ocasión. Y ello se nota en la planificación de cada obra, en la rotación por los dos instrumentos —en este caso, lamentablemente, muy distintos entre sí—, en la concepción consensuada de su interpretación. Y ello en un programa de gran dificultad técnica. Una profunda sorpresa, pues, por el elevado nivel interpretativo mostrado por ambos pianistas que motivan que este comentario escrito pretenda pasar de la simple reseña a la reivindicación de su futura programación en nuestra ciudad. Y no sólo por el origen de uno de sus miembros, que también, sino porque nos hacen disfrutar escuchándoles, que es lo más importante. 

P.D. Creo que el programa de mano abunda en datos biográficos de los artistas e ignora información sobre las obras interpretadas y que los músicos tuvieron la cortesía de ofrecer de viva voz.

01 enero 2016

LINA TUR BONET: VIOLINISTA BARROCA DE CAMPANILLAS.




Hace relativamente poco que he podido conocer a través de sus discos a esta excelente violinista española, y como me ha sorprendido tanto no quiero dejar pasar comentar su último disco que he recibido hace unos días, dedicado a las sonatas de Biber..
De todos los violinistas del pasado siglo XVII, Biber podría haber sido el mejor, y sus solos son los más difíciles e imaginativos de todos los de su época. Y sin duda uno de los mejores músicos del barroco, aunque menos conocido popularmente como otros.
Las Sonatas del Rosario de Biber son una de esas obras únicas en la historia del arte. En Salzburgo la ciudad que luego albergaría al genio universal de Mozart, nacía una de las obras más singulares y exquisitas que han sido creadas. Y, curiosamente, no hubo constancia de su existencia hasta el año 1889. En estas sonatas llama la atención de que precisan una afinación especial de las cuatro cuerdas del violín para cada sonata lo que es un caso casi único en la historia de la música.
Dicho esto no puedo menos que recomendar esta grabación de estas obras —piedra de toque para cualquier violinista— por la calidad de la interpretativa, variada en registros y teatralidad. Lina Tur está al frente de Musica Alchemica, un importante grupo de músicos igualmente excelentes. La música barroca tiene importantes profetas en nuestro país. Lina Tur es sin duda la mejor violinista.
El 30 de marzo de 2106 iré al Auditorio Nacional a escucharla.
Si queréis verla y escucharla:
https://www.youtube.com/watch?time_continue=51&v=EayZ8K5P4us

19 diciembre 2015

OTRO DISCO IMPRESCINDIBLE DEL CUARTETO QUIROGA Y JAVIER PERIANES



La producción de música de cámara española no es muy abundante. Por eso cuando aparece una grabación con obras de compositores de la talla de Granados y Turina enseguida llama nuestra atención. Si además la interpretación es a cargo de estos magníficos músicos españoles aumenta aún más el interés por ella.
Las obras corresponden a periodos de juventud de ambos autores y si es verdad que no son muy frecuentadas en los programas de concierto merece su recuperación. Su calidad no es parangonable a las grandes obras de cuarteto con piano de compositores centroeuropeos que a todos nos vienen a la cabeza, pero poseen un aliento lírico, un vuelo melancólico, una concepción danzable y un idioma tan próximos, que nos deleita su escucha. Y todo ello, claro, gracias a la magnífica interpretación del tándem Javier Perianes y el Cuarteto Quiroga. Sencillamente creo que no se pueden tocar mejor estas obras, pues es tal el compromiso con este tipo de música que hasta aumenta su calidad intrínseca. Los compositores, de vivir, estarían muy orgullosos que su música estuviera servida por estos músicos.

17 diciembre 2015

SOL DE MI FORTUNA O EL DESCUBRIMIENTO DE UN EXCELENTE MÚSICO ESPAÑOL: DIEGO ARES


No conocía la existencia de este músico que ya ha grabado anteriormente otros tres discos -un despiste lo tiene cualquiera-, pero no cabe duda que en el futuro no se me pasará más, pues el disco que no dejo de escuchar desde que lo tengo está soberbiamente interpretado, además de estar dedicado a uno de nuestros mejores músicos del barroco, el padre Soler y a una selección de sus piezas para clave. Y qué belleza la de esta música en manos de Diego Ares, donde a lo trepidante le sigue lo calmado con una suerte de recursos técnicos y expresivos soberbiamente manejados.
A la gran calidad interpretativa coadyuva una magnífica grabación de estudio que se entrega además con una clave para descargar los archivos de alta resolución con casi 1.2 GB de información, lo que me parece un modelo a seguir por las demás discográficas. Para mí es mi disco del mes.

12 diciembre 2015

POSIBLEMENTE EL MEJOR DON GIOVANNI EN IMÁGENES



Parece mentira que no existiera todavía una buena interpretación reciente en imágenes de Don Giovanni, una de las cuatro o cinco mejores óperas de todos los tiempos. En ésta que acabo de disfrutar, procedente de una representación de la Scala de Milán de diciembre de 2011. Se aúnan como pocas veces una excelente interpretación musical y escénica. Y es que nunca dos grandes maestros, como Barenboim, en la dirección musical, y Robert Carsen, en la escénica, habían acertado tan plenamente en sus propósitos, sacando del reparto lo mejor de sus competentes voces, salvo alguna laguna (el Don Ottavio de Giuseppe Filianoti). Lo cierto es que Carsen logra una de sus mejores propuestas escénicas que le he podido ver en directo o en imágenes. Traslada la acción dramática a la época actual —es una de las historias más intemporales de la cultura— y tanto el vestuario, la iluminación, los decorados y la dirección de actores son de una creatividad fascinante. Es verdad que Mattei, Terfel, Netrebko, Fritolli y Prohaska además de buenos cantantes son unos actores consumados. Añade más valor a esta producción su realización videográfica, de una calidad inusitada, ayudada por el soporte en alta definición.

12 noviembre 2015

ALISA WEILERSTEIN, QUIZÁ LA MEJOR INTÉRPRETE DE CELLO DEL MOMENTO.



He escuchado todos los buenísimos discos que se han editado anteriormente con Alisa como protagonista. Desde el primero dedicado a los concierto de Elgar y Carter (2013), los dedicados a obras de Dvorak, con su celebérrimo concierto, y un disco para cello solo (2014), hasta el último editado el pasado mes con las sonatas de cello de Rachmaninov y Chopin, que motiva estas notas. En este lo acompaña el desconocido pianista Inon Barnata que, aunque no está a la altura de ella, la acompaña notablemente.
Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto escuchando a una chelista como con Alisa Weilerstein. En ambas sonatas —de las mejores escritas para cello y piano— está impresionante por su sonido hermoso y temperamental, soñador y enormemente apasionado.
La toma de sonido es de los ingenireros del estudio Teldex de Berlin y por tanto soberbia, lo que permite disfrutar aun más.