El pasado miércoles el dúo de pianos Goya, integrado por Claudia Dafne Sevilla y Theodore Lambert ofrecieron un concierto de gran interés, y que en parte espoleó a la melomanía local, entre otras cosas porque uno de los músicos integrantes del dúo nació y se ha criado en nuestra ciudad, aunque ahora por orientación de su carrera musical viva fuera de ella. Y sabemos que eso suele añadir, entre otros, a curiosos por conocer la calidad artística de una persona con la que han compartido vivencias.
No debe ser baladí para un músico, o al menos no lo debería ser, la elección de las obras a incluir en el programa de un concierto. Se dice mucho más de lo que el público suele reconocer, siempre que el programa haya sido libremente escogido por los artistas y no por el programador para incluirlo en un ciclo o ensalzar la música de un determinado autor. En algunos casos la propuesta de los músicos obedece a sus preferencias personales, en otros casos desean dar a conocer obras que no son muy frecuentadas en salas de conciertos. Bien, pues en este caso la selección de las obras a interpretar ha sido ejemplar. Todas las obras son originales para el dúo de pianos (rigor), observan un orden cronológico (didáctico), responden a estéticas diversas y alejadas entre sí (Mozart a Adams), se introducen músicas actuales (Adams, 1996). En fin que todos ello confluye en conformar una experiencia sonora envolvente por la que es difícil no sentirse atraído. Y lo consiguieron sin duda.
El programa comenzó con la sonata para dos pianos de Mozart, en estilo galante, con melodías entrelazadas y cadencias simultáneas. Esta es la única sonata que compuso para dos pianos; preciosa. Las variaciones sobre un tema de Haydn son originarias para dos pianos y no para orquesta por la que han obtenido su mayor fama; y son magníficas. A partir de ahí el programa fue inteligentemente modificado en la segunda parte para ofrecer en primer lugar la primera suite para dos pianos que el compositor ruso escribió en 1893, que ilustra cuatro fragmentos de poemas rusos, y ene segundo lugar al guiño a la modernidad que es “Halleluja Junction” de John Adams, compuesta en 1996 y cuyo nombre que proviene de una pequeña parada de camiones en los EEUU entre California y Nevada. Es fascinante de principio a fin, de rabiosa modernidad, pero plenamente audible; se debe reconocer que la propuesta de Adams es acertada y encontró una interpretación ideal de la que el dúo Goya realizó en este concierto.
Fuera de programa y como bis, después de casi dos horas de concierto, que se nos hicieron cortas sin lugar a dudas, el Concertino para dos pianos de Shostakovich. Más que un bis fue un regalo de los intérpretes, por su duración —pareciera que no querían dejar el contacto con el público—, como por el calor e intensidad con la que la interpretaron.
No es fácil tocar pendiente de otro músico cuando se tocan los mismos instrumentos. Se ponen en juego timbres de forma simultánea de los que no siempre se sabe el músico que los produce, además de problemas de diferenciación tímbrica de tantos sonidos, a veces smultáneos. Pero quizás el quiz de esta formación está en el aumento de las posibilidades por dos que ya de por si tiene un piano, y en la duda de qué músico adquiere en cada momento el papel protagónico, cuando lo hay. Eso es lo que seduce de la escucha de esta formación. Claudia y Theodore dan la sensación de gran compenetración, que no han sido convocados simplemente para tocar juntos en esta ocasión. Y ello se nota en la planificación de cada obra, en la rotación por los dos instrumentos —en este caso, lamentablemente, muy distintos entre sí—, en la concepción consensuada de su interpretación. Y ello en un programa de gran dificultad técnica. Una profunda sorpresa, pues, por el elevado nivel interpretativo mostrado por ambos pianistas que motivan que este comentario escrito pretenda pasar de la simple reseña a la reivindicación de su futura programación en nuestra ciudad. Y no sólo por el origen de uno de sus miembros, que también, sino porque nos hacen disfrutar escuchándoles, que es lo más importante.
P.D. Creo que el programa de mano abunda en datos biográficos de los artistas e ignora información sobre las obras interpretadas y que los músicos tuvieron la cortesía de ofrecer de viva voz.
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