Con el recital lírico que ofreció Mariola Cantarero el pasado viernes 9 de febrero se cerró el abono lírico 2006-2007 del Teatro Circo. Aunque no es esta la última oportunidad de poder ver y escuchar ópera en el Teatro Circo (¿?) ya que una entidad financiera y el propio Teatro Circo serán los organizadores de dos nuevas representaciones de Curlew River de Britten y Macbeth de Verdi, algo que nos sorprende, ya que lo suyo sería que en nuestra ciudad hubiera una mayor coordinación de esfuerzos entre entidades para llevar a escena funciones de ópera de la mayor calidad posible y de forma estable y configurada con antelación, evitando sesiones fuera de abono y programaciones paralelas.
Confieso que escribo estas líneas en caliente. Hace tan sólo unos minutos que he dejado un teatro en el que no me hubiera importado haber permanecido por más tiempo bien escuchándo cantar a Mariola -que actitud tan extraña la del público de Albacete que aplaude lo justo y no solicita algo más que los cantantes siempre están dispuestos a dar-, bien intentando memorizar ese arte que es tan etéreo que desaparece al tiempo que se muestra. En fin, reconozco que son esas veladas que hubiera deseado inacabables. Después de algunas decepciones vocales de espectáculos anteriores, el recital de la Cantarero despertaba expectación. Quizás menos conocida por el gran público, no para los que ya la habíamos visto y escuchado sobre el escenario del Teatro Real en Don Pasquale y el Viaggio a Reims, se presentaba una de las voces belcantistas más prometedoras de las que ha dado al mundo de la ópera nuestro país. Y lo es tanto por lo que ya ha conseguido como por lo que está por hacer. Por ello no dudamos en su momento en proponer y apoyar la programación de este recital en nuestra ciudad.
Pocas veces había visto al público del Teatro Circo tan satisfecho a salir de una velada lírica, si exceptuamos la del pasado año de Juan Diego Florez, ¿que ya es decir! Las caras de satisfacción, las palabras de gratitud hacia los organizadores, los calificativos sobre su voz la emoción quizás -dada la juventud de la cantante- de haber acudido a un verdadero acontecimiento musical que recordaremos en el futuro, cuando crezca profesionalmente su voz. Resuenan en mi mente las palabras de un amigo que pronunció solemnemente: ¿esto es cantar!
En el programa la cantante compiló un ramillete de obras de la más variada procedencia de autores, lugares, y géneros en los que se prodiga en la actualidad, entre ellos la ópera. Y como queriendo decir algo situó en la primera parte pareados de canción romántica-aria (o escena) de los máximos exponentes del belcanto en ópera: Rossini, Bellini y Donizetti. La belleza musical de las canciones de cámara eran superadas como técnica y expresivamente por los fragmentos operísticos de El Barbero, Sonnambula y Linda de Chamonix. Con una voce poco fa tuvimos el anticipo asegurado de placer musical para toda la velada. Con Ah! Non credea mirarti de Bellini, descubrimos a una intérprete además de emocionarnos y confirmar su excelente voz. Las piruetas vocales y expresivas de O luce di quest'anima dieron chispa y alegría a la sala que tomó un respiro para creerse lo que estaba escuchando.
La segunda parte estuvo dedicada a la canción española con Azulao de Ovalle, Vidalita de Williams, Canción de cuna para un negrito de Montsalvatge, la guitarra de Morales y los cuatro madrigales amatorios de Rodrigo. Y a la zarzuela con romanzas de La tabernera del Puerto de Sorozábal y de El Barbero de Sevilla de Nieto y Giménez. En todas ellas la interpretación fue excepcional, tanto en lo vocal como en lo interpretativo. Cómo el público no se iba, la emocionada cantante regaló tres bises: una canción francesa de Delibes, una aria del Fausto de Gounod y el aria Il sogno di Doreta de la Rondine pucciniana.
La voz de la granadina es en la actualidad de soprano lírico-ligera que posee una facilidad natural para la coloratura con agudos cristalinos, bien apoyados, penetrantes y con un centro ancho que le permiten una verdadera suntuosidad sonora, y ello con un timbre aterciopelado no hiriente, de peso. Todo lo necesario para alzarse en pocos años a la cima del bel canto.
Si el año pasado lo mejor de la temporada fue el recital de Juan Diego Flórez, este año lo ha sido el de Mariola Cantarero. Ojalá se pueda mantener este listón tan alto en próximos años y se sepa distinguir a las voces por su calidad y no por las campañas mediáticas que las acompañan.
Por sólo vivir este recital ha merecido la pena todo el abono lírico. Público y organizadores deberían saber que a veces es mejor escuchar una buena voz que una mala representación de ópera. Así ha ocurrido este año, o por lo menos yo así lo pienso.
Lamentablemente -que yo sepa- no podremos tener un recuerdo para el archivo de la memoria ya que este recital -incomprensiblemente- no se grabó ni en vídeo ni en audio. Curiosamente sí hubo fotos. Las numerosas que el fotógrafo de este medio, Manuel Podio, hizo y en el que he descubierto a un verdadero aficionado a la ópera.
21 febrero 2007
EMOCIONATE VELADA LÍRICA
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Mariola Cantarero,
Teatro Circo
15 febrero 2007
SAN VALENTÍN Y LA MÚSICA ESCÉNICA
En la noche del pasado 14 de febrero, animados –supongo– por la festividad de San Valentín, se dieron cita, en el escenario del Teatro Circo, dos parejas artísticas de bailarines, cantantes –más la Banda Municipal de Albacete en el foso– y un numeroso y nuevo público que llenó por completo el Teatro Circo. Los artistas eran los bailarines Óscar Torrado, Laura Hormigón (bailarines), Elena de la Merced y el albaceteño José Ferrero (cantantes), acompañandos por la agrupación musical municipal dirigida por Fernando Bonete.
Sin entender exactamente a qué obedece realzar con un evento cultural una festividad más comercial que cultural, es cierto que éste no carece de sentido en parte de su propuesta. Unir dos géneros tan musicales como la danza o la lírica (ópera y zarzuela) es acertado, y hacerlo con intérpretes de nuestra propia ciudad le añade valor local. Pero espero que también esté en el ánimo de los organizadores variar al formato básico de parejas –seguramente por la motivación extramusical del acto–, por desarrollos más elaborados con dúos,tríos…, estilos musicales distintos, agrupaciones más numerosas, etc. Lo que ya no veo pertinente es vincularlo necesariamente a la celebración de la fiesta de los enamorados –idea que me parece algo rancia–, pues esta propuesta podría funcionar en otras ocasiones, como por ejemplo en fin de año o año nuevo, Feria de Albacete, Festival de Albacete…
Si la propuesta de esta Gala como espectáculo es interesante, no lo fue, en términos generales, su realización. Si se pretende una presentación de momentos de danza, música y canto, con números sueltos sin más cuidado que el de distribuirlos en dos partes y variarlo en función de la agrupación o no de los artistas y sin tener en cuenta estilos, géneros u otras variables, resulta algo pobre. Creo que al espectáculo le faltó dirección escénica o una persona que desarrolle la Gala con sentido cuasi teatral y que lo conciba como un espectáculo, con ritmo. Que elija a los intérpretes en función de una idea y no al revés: que la idea surja en función de los recursos que se dispone o alguien propone.
En el espectáculo de la pasada noche Carmen, Traviata, Don Quijote y la zarzuela fueron los verdaderos protagonistas. Ocuparon el mayor tiempo de la velada del prolijo programa del que podríamos destacar, en lo musical, las intervenciones de la Banda Municipal en el dúo de Violeta y Alfredo de «La Traviata», de la primera parte, pero sobre todo en el intermedio de «La Leyenda del Beso», y en el preludio y pasacalle de «Agua, azucarillos y aguardiente», quizás las páginas más ensayadas por ser parte del repertorio habitual de la agrupación y en las que Bonete mostró su buen hacer. Pero en su faceta de acompañamiento tanto de bailarines como de cantantes, la falta de ensayos de hizo notar: desajustes, falta de cuadratura, y exceso volumen sonoro, que perjudicó sobre todo a los cantantes, pues si ya les es costoso franquear la barrera del sonido de una orquesta, cuanto más la de una banda; y no me refiero sólo a volumen, sino a musicalidad, dinámica y «pathos musical».
Los cantantes estuvieron correctos en términos generales, mucho mejor Elena de la Merced, que brilló –después de un susto al comienzo– tanto en las páginas operísticas como en las de zarzuela, aunque por su tesitura se encontró mejor en el «O mio babbino…» pucciniano. A mi juicio hubiera ganado el recital si hubieran incorporado algún dúo de ópera barroca, pero claro no con acompañamiento de banda. Sabe manejar su voz, posee una gran musicalidad, pero nunca se encontró cómoda con el acompañamiento. José Ferrero, que no tuvo su mejor noche por culpa del repertorio escogido, estuvo bien en el dúo de Carolina y Fernando de «Luisa Fernanda», en esta ocasión con sutil acompañamiento musical, y en el brindis final de «La Traviata». Por lo demás su voz se mostró mate, atrás, si proyección, velada, casi baritonal cuando debía ser ligera, con tendencia a la exageración expresiva y al grito. No creo que su voz sea todorreno, por ello debería elegir mejor lo que canta.
Lo mejor de la noche, y lo más aclamado, fueron las evoluciones finales de la pareja de baile en Don Quijote de Minkus; y no sin razón, dado el virtuosismo corporal que exigen. En general sus intervenciones fueron de una excelente factura y lo mejor de la velada. Sus realizaciones sobre escenario permiten olvidar el todo de donde provenían los fragmentos que interpretaron y hacen esencia sin necesidad de argumento. Todo un lujo.
Sin entender exactamente a qué obedece realzar con un evento cultural una festividad más comercial que cultural, es cierto que éste no carece de sentido en parte de su propuesta. Unir dos géneros tan musicales como la danza o la lírica (ópera y zarzuela) es acertado, y hacerlo con intérpretes de nuestra propia ciudad le añade valor local. Pero espero que también esté en el ánimo de los organizadores variar al formato básico de parejas –seguramente por la motivación extramusical del acto–, por desarrollos más elaborados con dúos,tríos…, estilos musicales distintos, agrupaciones más numerosas, etc. Lo que ya no veo pertinente es vincularlo necesariamente a la celebración de la fiesta de los enamorados –idea que me parece algo rancia–, pues esta propuesta podría funcionar en otras ocasiones, como por ejemplo en fin de año o año nuevo, Feria de Albacete, Festival de Albacete…
Si la propuesta de esta Gala como espectáculo es interesante, no lo fue, en términos generales, su realización. Si se pretende una presentación de momentos de danza, música y canto, con números sueltos sin más cuidado que el de distribuirlos en dos partes y variarlo en función de la agrupación o no de los artistas y sin tener en cuenta estilos, géneros u otras variables, resulta algo pobre. Creo que al espectáculo le faltó dirección escénica o una persona que desarrolle la Gala con sentido cuasi teatral y que lo conciba como un espectáculo, con ritmo. Que elija a los intérpretes en función de una idea y no al revés: que la idea surja en función de los recursos que se dispone o alguien propone.
En el espectáculo de la pasada noche Carmen, Traviata, Don Quijote y la zarzuela fueron los verdaderos protagonistas. Ocuparon el mayor tiempo de la velada del prolijo programa del que podríamos destacar, en lo musical, las intervenciones de la Banda Municipal en el dúo de Violeta y Alfredo de «La Traviata», de la primera parte, pero sobre todo en el intermedio de «La Leyenda del Beso», y en el preludio y pasacalle de «Agua, azucarillos y aguardiente», quizás las páginas más ensayadas por ser parte del repertorio habitual de la agrupación y en las que Bonete mostró su buen hacer. Pero en su faceta de acompañamiento tanto de bailarines como de cantantes, la falta de ensayos de hizo notar: desajustes, falta de cuadratura, y exceso volumen sonoro, que perjudicó sobre todo a los cantantes, pues si ya les es costoso franquear la barrera del sonido de una orquesta, cuanto más la de una banda; y no me refiero sólo a volumen, sino a musicalidad, dinámica y «pathos musical».
Los cantantes estuvieron correctos en términos generales, mucho mejor Elena de la Merced, que brilló –después de un susto al comienzo– tanto en las páginas operísticas como en las de zarzuela, aunque por su tesitura se encontró mejor en el «O mio babbino…» pucciniano. A mi juicio hubiera ganado el recital si hubieran incorporado algún dúo de ópera barroca, pero claro no con acompañamiento de banda. Sabe manejar su voz, posee una gran musicalidad, pero nunca se encontró cómoda con el acompañamiento. José Ferrero, que no tuvo su mejor noche por culpa del repertorio escogido, estuvo bien en el dúo de Carolina y Fernando de «Luisa Fernanda», en esta ocasión con sutil acompañamiento musical, y en el brindis final de «La Traviata». Por lo demás su voz se mostró mate, atrás, si proyección, velada, casi baritonal cuando debía ser ligera, con tendencia a la exageración expresiva y al grito. No creo que su voz sea todorreno, por ello debería elegir mejor lo que canta.
Lo mejor de la noche, y lo más aclamado, fueron las evoluciones finales de la pareja de baile en Don Quijote de Minkus; y no sin razón, dado el virtuosismo corporal que exigen. En general sus intervenciones fueron de una excelente factura y lo mejor de la velada. Sus realizaciones sobre escenario permiten olvidar el todo de donde provenían los fragmentos que interpretaron y hacen esencia sin necesidad de argumento. Todo un lujo.
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