21 febrero 2007

EMOCIONATE VELADA LÍRICA

Con el recital lírico que ofreció Mariola Cantarero el pasado viernes 9 de febrero se cerró el abono lírico 2006-2007 del Teatro Circo. Aunque no es esta la última oportunidad de poder ver y escuchar ópera en el Teatro Circo (¿?) ya que una entidad financiera y el propio Teatro Circo serán los organizadores de dos nuevas representaciones de Curlew River de Britten y Macbeth de Verdi, algo que nos sorprende, ya que lo suyo sería que en nuestra ciudad hubiera una mayor coordinación de esfuerzos entre entidades para llevar a escena funciones de ópera de la mayor calidad posible y de forma estable y configurada con antelación, evitando sesiones fuera de abono y programaciones paralelas.

Confieso que escribo estas líneas en caliente. Hace tan sólo unos minutos que he dejado un teatro en el que no me hubiera importado haber permanecido por más tiempo bien escuchándo cantar a Mariola -que actitud tan extraña la del público de Albacete que aplaude lo justo y no solicita algo más que los cantantes siempre están dispuestos a dar-, bien intentando memorizar ese arte que es tan etéreo que desaparece al tiempo que se muestra. En fin, reconozco que son esas veladas que hubiera deseado inacabables. Después de algunas decepciones vocales de espectáculos anteriores, el recital de la Cantarero despertaba expectación. Quizás menos conocida por el gran público, no para los que ya la habíamos visto y escuchado sobre el escenario del Teatro Real en Don Pasquale y el Viaggio a Reims, se presentaba una de las voces belcantistas más prometedoras de las que ha dado al mundo de la ópera nuestro país. Y lo es tanto por lo que ya ha conseguido como por lo que está por hacer. Por ello no dudamos en su momento en proponer y apoyar la programación de este recital en nuestra ciudad.
Pocas veces había visto al público del Teatro Circo tan satisfecho a salir de una velada lírica, si exceptuamos la del pasado año de Juan Diego Florez, ¿que ya es decir! Las caras de satisfacción, las palabras de gratitud hacia los organizadores, los calificativos sobre su voz la emoción quizás -dada la juventud de la cantante- de haber acudido a un verdadero acontecimiento musical que recordaremos en el futuro, cuando crezca profesionalmente su voz. Resuenan en mi mente las palabras de un amigo que pronunció solemnemente: ¿esto es cantar!
En el programa la cantante compiló un ramillete de obras de la más variada procedencia de autores, lugares, y géneros en los que se prodiga en la actualidad, entre ellos la ópera. Y como queriendo decir algo situó en la primera parte pareados de canción romántica-aria (o escena) de los máximos exponentes del belcanto en ópera: Rossini, Bellini y Donizetti. La belleza musical de las canciones de cámara eran superadas como técnica y expresivamente por los fragmentos operísticos de El Barbero, Sonnambula y Linda de Chamonix. Con una voce poco fa tuvimos el anticipo asegurado de placer musical para toda la velada. Con Ah! Non credea mirarti de Bellini, descubrimos a una intérprete además de emocionarnos y confirmar su excelente voz. Las piruetas vocales y expresivas de O luce di quest'anima dieron chispa y alegría a la sala que tomó un respiro para creerse lo que estaba escuchando.
La segunda parte estuvo dedicada a la canción española con Azulao de Ovalle, Vidalita de Williams, Canción de cuna para un negrito de Montsalvatge, la guitarra de Morales y los cuatro madrigales amatorios de Rodrigo. Y a la zarzuela con romanzas de La tabernera del Puerto de Sorozábal y de El Barbero de Sevilla de Nieto y Giménez. En todas ellas la interpretación fue excepcional, tanto en lo vocal como en lo interpretativo. Cómo el público no se iba, la emocionada cantante regaló tres bises: una canción francesa de Delibes, una aria del Fausto de Gounod y el aria Il sogno di Doreta de la Rondine pucciniana.
La voz de la granadina es en la actualidad de soprano lírico-ligera que posee una facilidad natural para la coloratura con agudos cristalinos, bien apoyados, penetrantes y con un centro ancho que le permiten una verdadera suntuosidad sonora, y ello con un timbre aterciopelado no hiriente, de peso. Todo lo necesario para alzarse en pocos años a la cima del bel canto.
Si el año pasado lo mejor de la temporada fue el recital de Juan Diego Flórez, este año lo ha sido el de Mariola Cantarero. Ojalá se pueda mantener este listón tan alto en próximos años y se sepa distinguir a las voces por su calidad y no por las campañas mediáticas que las acompañan.
Por sólo vivir este recital ha merecido la pena todo el abono lírico. Público y organizadores deberían saber que a veces es mejor escuchar una buena voz que una mala representación de ópera. Así ha ocurrido este año, o por lo menos yo así lo pienso.
Lamentablemente -que yo sepa- no podremos tener un recuerdo para el archivo de la memoria ya que este recital -incomprensiblemente- no se grabó ni en vídeo ni en audio. Curiosamente sí hubo fotos. Las numerosas que el fotógrafo de este medio, Manuel Podio, hizo y en el que he descubierto a un verdadero aficionado a la ópera.

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