En la noche del pasado 14 de febrero, animados –supongo– por la festividad de San Valentín, se dieron cita, en el escenario del Teatro Circo, dos parejas artísticas de bailarines, cantantes –más la Banda Municipal de Albacete en el foso– y un numeroso y nuevo público que llenó por completo el Teatro Circo. Los artistas eran los bailarines Óscar Torrado, Laura Hormigón (bailarines), Elena de la Merced y el albaceteño José Ferrero (cantantes), acompañandos por la agrupación musical municipal dirigida por Fernando Bonete.
Sin entender exactamente a qué obedece realzar con un evento cultural una festividad más comercial que cultural, es cierto que éste no carece de sentido en parte de su propuesta. Unir dos géneros tan musicales como la danza o la lírica (ópera y zarzuela) es acertado, y hacerlo con intérpretes de nuestra propia ciudad le añade valor local. Pero espero que también esté en el ánimo de los organizadores variar al formato básico de parejas –seguramente por la motivación extramusical del acto–, por desarrollos más elaborados con dúos,tríos…, estilos musicales distintos, agrupaciones más numerosas, etc. Lo que ya no veo pertinente es vincularlo necesariamente a la celebración de la fiesta de los enamorados –idea que me parece algo rancia–, pues esta propuesta podría funcionar en otras ocasiones, como por ejemplo en fin de año o año nuevo, Feria de Albacete, Festival de Albacete…
Si la propuesta de esta Gala como espectáculo es interesante, no lo fue, en términos generales, su realización. Si se pretende una presentación de momentos de danza, música y canto, con números sueltos sin más cuidado que el de distribuirlos en dos partes y variarlo en función de la agrupación o no de los artistas y sin tener en cuenta estilos, géneros u otras variables, resulta algo pobre. Creo que al espectáculo le faltó dirección escénica o una persona que desarrolle la Gala con sentido cuasi teatral y que lo conciba como un espectáculo, con ritmo. Que elija a los intérpretes en función de una idea y no al revés: que la idea surja en función de los recursos que se dispone o alguien propone.
En el espectáculo de la pasada noche Carmen, Traviata, Don Quijote y la zarzuela fueron los verdaderos protagonistas. Ocuparon el mayor tiempo de la velada del prolijo programa del que podríamos destacar, en lo musical, las intervenciones de la Banda Municipal en el dúo de Violeta y Alfredo de «La Traviata», de la primera parte, pero sobre todo en el intermedio de «La Leyenda del Beso», y en el preludio y pasacalle de «Agua, azucarillos y aguardiente», quizás las páginas más ensayadas por ser parte del repertorio habitual de la agrupación y en las que Bonete mostró su buen hacer. Pero en su faceta de acompañamiento tanto de bailarines como de cantantes, la falta de ensayos de hizo notar: desajustes, falta de cuadratura, y exceso volumen sonoro, que perjudicó sobre todo a los cantantes, pues si ya les es costoso franquear la barrera del sonido de una orquesta, cuanto más la de una banda; y no me refiero sólo a volumen, sino a musicalidad, dinámica y «pathos musical».
Los cantantes estuvieron correctos en términos generales, mucho mejor Elena de la Merced, que brilló –después de un susto al comienzo– tanto en las páginas operísticas como en las de zarzuela, aunque por su tesitura se encontró mejor en el «O mio babbino…» pucciniano. A mi juicio hubiera ganado el recital si hubieran incorporado algún dúo de ópera barroca, pero claro no con acompañamiento de banda. Sabe manejar su voz, posee una gran musicalidad, pero nunca se encontró cómoda con el acompañamiento. José Ferrero, que no tuvo su mejor noche por culpa del repertorio escogido, estuvo bien en el dúo de Carolina y Fernando de «Luisa Fernanda», en esta ocasión con sutil acompañamiento musical, y en el brindis final de «La Traviata». Por lo demás su voz se mostró mate, atrás, si proyección, velada, casi baritonal cuando debía ser ligera, con tendencia a la exageración expresiva y al grito. No creo que su voz sea todorreno, por ello debería elegir mejor lo que canta.
Lo mejor de la noche, y lo más aclamado, fueron las evoluciones finales de la pareja de baile en Don Quijote de Minkus; y no sin razón, dado el virtuosismo corporal que exigen. En general sus intervenciones fueron de una excelente factura y lo mejor de la velada. Sus realizaciones sobre escenario permiten olvidar el todo de donde provenían los fragmentos que interpretaron y hacen esencia sin necesidad de argumento. Todo un lujo.
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