17 diciembre 2006

SORPRENDENTE VELADA MOZARTIANA

Absoluta sorpresa agradable el concierto que el pasado viernes se pudo escuchar en el Teatro Circo en la denominada Gala Lírica sobre óperas de Mozart incluida en el Abono Lírico del Teatro Circo de nuestra ciudad. En el programa de mano un ramillete de las mejores páginas operísticas mozartianas en el que se alternaban obras orquestales y vocales, éstas últimas en las múltiples combinaciones que se pueden producir con varias voces sobre el escenario.
Decía sorpresa pues lo que más puede satisfacer a un melómano es que la velada a la que se acude supere las expectativas creadas antes de la misma. Expectativas que en la mayoría de los casos tienen que ver con la información disponible sobre sus intérpretes. En esta ocasión desconocíamos a la mayoría de ellos, excepto al tenor albaceteño José Ferrero, que también sorprendió agradablemente a quién esto firma por el tiempo transcurrido desde su última escucha sobre los escenarios.
¡Qué enigmática es la música de Mozart! Todos los compositores de su época hablaron el mismo «idioma». Mozart no fue innovador en su arte como Wagner o Monteverdi, no tuvo que reformar nada en la música; en el idioma tonal de su época encontró las posibilidades para decir, para expresar lo que quería. Todo lo que creemos reconocer como típicamente «mozartiano» lo encontramos también en las obras de sus contemporáneos. El estilo de composición personal de Mozart no se puede aislar, no se puede diferenciar del estilo de la época., excepto por una grandeza inconcebible. Sin inventar ni utilizar nada inaudito ni que no estuviera ya presente en la técnica de la música, con los mismos medios que los demás compositores de su época, lograba conferir a su música unas dimensiones como nadie más. Eso que nos parece enigmático, no podemos explicarlo ni entenderlo, simplemente es así.
Quizá por eso es tan difícil interpretar a Mozart. Tanto es así que muchos buenos músicos y cantantes han sido incapaces de hacerlo bien, y otros que sí lo han sido no han encontrado lugar en otras músicas tan alejadas a la de este autor.
Desconocíamos a la orquesta Camerata de la Mancha, de la que tan sólo tenemos información de estar integrada por músicos castellanomanchegos. No sabemos si se trata de una orquesta estable o no, pero lo cierto es que suena muy bien y desde luego hicieron un Mozart de gran altura bajo la batuta de su director Rubén Jimeno. Brillaron en las oberturas, más en la de “Bodas…” que en la de “Cosí…”, pero sobre todo en el acompañamiento a los cantantes. Recuerdo como momento especialmente inspirado su trabajo en el aria de la Clemenza de Tito con la que abría la segunda parte del concierto, en al que el clarinete tiene un papel estelar.
El juego de los cantantes fue desigual como por otra parte no podía ser menos dada la naturaleza de su instrumento, pero demostraron mucha altura y trabajo en los números de conjunto, muy bien cantados en general. Pilar Moral, pasó apuros en sus arias como solista y en la de la Reina de la noche de la Flauta Mágica desafinó las notas más comprometidas errando en algunas respiraciones. Carlos López mostró una voz algo cansada, mate, destimbrada, seguramente la sombra de lo que otrora fue. Sorprendió, y mucho, la voz de Clara Mouritz, mezzosoprano, sobre todo en su primera intervención como solista en el aria de La Clemenza de Tito que abrió la segunda parte, auténtico momento importante de la noche, sin embargo su bis de Las Bodas de Fígaro estuvo menos inspirada, quizás por la elección de un tempo que dificultó poder apreciar la elegante inspiración de la partitura y restó cuadratura entre cantante y orquesta. El albaceteño José Ferrero ha mejorado mucho técnicamente, sobre todo en afinación, dicción e interpretación. Es un cantante polifacético y reparte sus esfuerzos e intereses musicales entre varios estilos y tipos de agrupaciones de músicos y cantantes. Ello tendrá ventajas para el artista, pero también sus inconvenientes, como el de no encontrar el estilo y tipo de espectáculo musical que mejor se adecua a su voz. En este sentido Ferrero no es vocalmente un intérprete mozartiano ideal, pero respetando su decisión de cantar a éste lo cierto es que interpreta de forma notable sus intervenciones solistas y de conjunto. Seguramente sea también quien haya concebido este concierto que gira por nuestra comunidad. Un concierto pues de gran altura, que se disfruta de principio a fin, que sorprende más a propios que a extraños, bien planteado, y un acierto incluirlo en la programación cultural de la ciudad. Es una pena que tan sólo cinco localidades de la comunidad vayan a disfrutar de él.

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