14 noviembre 2006

NOCHE DE CANTO LÍRICO ESPAÑOL

El viernes pasado el Teatro Circo de Albacete sirvió de marco al recital lírico que inauguraba el llamado abono lírico de la programación del Teatro Circo de Albacete, un abono conformado por dos recitales líricos, los de Carlos Álvarez y Mariola Cantarero y dos representaciones de Norma de Bellini y Los Cuentos de Hoffmann de Offenbach.
Inicial comentario merece el interés que posee para los aficionados a la lírica y una política cultural equilibrada y coherente, la existencia de una programación estable en la que se incluyan regularmente espectáculos líricos, sea como fuere la composición de ésta. Y la que comenzó el pasado viernes es del máximo interés inicial. Por un lado, por la calidad contrastada de las voces que enmarcan las dos representaciones de ópera, y, después, por la expectación que suponen los dos títulos programados, aun teniendo en cuenta que se trata de dos representaciones in intinere de companías estables europeas y no de representaciones de temporada. Lo que ya no se explica fácilmente este comentarista es que pueda tener más interés para el potencial espectador una representación de ópera con limitados medios escénicos y cantantes discretos a escuchar la voz de cantantes que son protagonistas en cualquiera de los mejores teatros del mundo, como Carlos Álvarez y Mariola Cantarero. Lo normal, para un público informado, debería ser lo contrario. Pero no ha sido así, mientras las entradas para Norma se han agotado, el aforo no estaba completo en la velada que motiva este comentario.
El barítono Carlos Álvarez es una de las voces más reconocidas del mundo de la ópera actual y el quizás uno de los cantantes españoles de mayor proyección internacional, debido a sus apariciones en los coliseos más importantes del mundo, cuya lista haría cansado este comentario, además de difícil no dejar alguno en el olvido.
Suscribo la idea de Fernando Fraga, autor de las interesantes notas al programa de mano del recital, cuando comenta que la voz de barítono es “una de las voces humanas más naturales en la colocación y en la emisión, la que se expande sin artificios ni recursos de impostación, es la de barítono. Es decir, que el hombre cuando canta espontáneamente, una vez sus cuerdas vocales han madurado el instrumental reproductor, lo hace a través de un colorido y una dimensión típicamente baritonales”.
Algo menos comprensible es la confección de un programa que en su desarrollo de la primera parte dejó frío a un público que sin duda esperaba algo más. Quizás no se entendía bien que un cantante que se prodiga en los mejores teatros mundiales de ópera, no hubiera realizado ninguna concesión a éste genero incluyendo en el programa fragmentos de algunos personajes verdianos o mozartianos que ha llevado a los escenarios. Sus intervenciones en las canciones populares de Lorca y las canciones sobre textos lorquianos de Miquel Ortega, siendo inspiradas, no conmovieron al público, como sí lo hiciera al comienzo de la segunda parte con los primeros fragmentos de zarzuela, sobre todo con “Luche la fe por el triunfo” de Luisa Fernanda, en donde se elevó definitivamente el calor emocional de la sala, transformando en acalorados bravos lo que hasta entonces habían sido discretos aplausos. Y es que los fragmentos zarzueleros permitieron a su voz mostrar la gran capacidad que atesora para la expresión musical, exigiendo del cantante una mayor expansión de sus capacidades, que en el caso que nos ocupa son extraordinarias. La voz posee una gran belleza y sabe manejarla de manera apropiada a cada situación dramática. Posee volumen, verdadero color baritonal, extensión y presencia; firme en todos los registros, aunque con borrosa vibración en algunas medias voces.
Mención especial merece el inspirado acompañamiento al piano de Rubén Fernández, atento al cantante y no un mero acompañante. Supo matizar las partituras hasta el punto de no pasar desapercibido, con lo que encontró el justo reconocimiento del público.
El recital de extinguió con bises de El Caserío de Guridi, una nueva romanza de Vidal de Luisa Fernanda y la repetición de una de las canciones de Lorca, con lo que el público entendió que el recital finalizaba. ¿Y la ópera? quizás en otra ocasión. La esperamos. Estos son los eventos culturales que dan prestigio a una programación cultural.

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