La pasada noche del 24 de octubre tuvo lugar en el Teatro Circo el esperado recital de Aquiles Machado con el que daba comienzo al abono lírico 2007-2008 del Teatro Circo. Digo abono, porque aunque se haya querido jugar con palabras como “temporada lírica”, ese no es el nombre correcto a emplear en el caso de Albacete, que se nutre fundamentalmente con bolos de compañías de diferente procedencia y calidad, en el se incluyen, por ejemplo, recitales líricos que en sí formarían un ciclo independiente, y sin embargo se dejan de incluir óperas de repertorio y títulos de zarzuela. Temporada lírica se denomina a las impulsadas por teatros o asociaciones de amigos de la ópera que mantienen temporadas estables en número de títulos, periodos y varias representaciones de óperas con reparto escogido para cada ocasión, algo que no ocurre en nuestra ciudad, pero queda muy bien decirlo.
El tenor venezolano Aquiles Machado, con una destacada carrera ya, que ha cantando en la Scala de Milán y el Metropolitan de Nueva York, ofreció un recital con un programa algo cicatero, no más de 24 minutos de duración en la primera parte y 17 en la segunda (aplausos y alocución incluidos), además de los tres bises fuera de programa que se pasaron rápidamente, sin sosiego dando la impresión de que el cantante no estuviera cómodo en el escenario.
No sé quién asesora a los organizadores de Cultural Albacete en materia de voces y espectáculos líricos, pero si el cantante aceptó cantar en Albacete, alguien le debió decir que nuestra ciudad posee un nutrido números de amigos de la ópera que desean escuchar a las mejores voces en su repertorio habitual y no saturar el programa con canciones italianas y zarzuela, género que públicamente el cantante reconoció haber incluido recientemente en su repertorio, y que lo va a interpretar próximamente en el Teatro de la Zarzuela en dos recitales y una función de la Leyenda del Beso, para lo que este recital sirvió como ensayo con público. Pero ¿por qué no cantó nada de Cuentos de Hoffmann que los ha cantado en muchas ocasiones en los últimos tiempos o Pinkerton de Madama Butterfly que hará en el Comunale de Florencia en enero de 2008, o Fausto, o Rodolfo de La Bohème, o…?
La primera parte del recital presentó la alternancia de canciones italianas y arias de ópera, la mayoría en idioma italiano, excepto el aria de la flor de Don José de Carmen, cantada en francés. En realidad esta alternancia no se entendió bien, ni creo que fuera eficaz para elevar la temperatura emocional del público que sólo se calentó a partir del aria “Recondita Armonia” de Tosca, casi al final de la primera parte. Como decía esta alternancia produjo un efecto más bien sinuoso, cima en las árias de ópera y valle en las canciones napolitanas, que creo fueron muy numerosas, por muy bellas que éstas fueran.
La segunda parte estuvo dedicada a zarzuela –incluido también el primer bis– con páginas tan célebres como “De este apacible rincón…”de Luisa Fernanda. “Detén tu alado paso..” de Don Gil de Alcalá, “Por el humo se sabe…”de Doña Francisquita. y “Adiós, dijiste”de Maravilla. Dos bises más con canciones populares italianas dieron por acabado el recital.
Acusó Aquiles Machado cierta tirantez en la zona superior de su tesitura quedando algo corto de aliento, lo que produjo que algunas frases las terminara precipitada y apuradamente, afectando a su interpretación en tempos demasiado ligeros. La voz de Machado tiene un timbre bello, bien coloreada en la región media y grave y posee en general gran musicalidad cuando se encuentra cómodo. Sus interpretaciones fueron correctas en todo el recital y se disfrutaron pero no fue un recital redondo; dejó algo frío al público y eso es difícil con un programa tan popular como él interpretado. Por supuesto no hizo borrar el recuerdo de otros momentos vividos en el Teatro Circo.
Mención aparte merece la prestación musical de Kenedy Moretti, pianista extraordinario y acompañante de lujo, al que se le escucharon momentos de la mayor inspiración en una función que suele pasar desapercibida, pero que puede tener una importancia fundamental en el resultado final de la velada.
No se entiende, a estas alturas, como la penumbra total de la sala obligara a que el público tuviera que emplearse con linternas, y hasta encendedores, para conocer las obras que se interpretaban, un poco de luz en la sala no hubiera venido mal. Igualmente parece extraña la negativa del cantante a ofrecer una entrevista para la única publicación especializada en ópera de nuestra ciudad, editada por la AAAO, y que llega a otras asociaciones de amigos de la ópera, revistas especializadas y teatros y auditorios de nuestro país.”