07 diciembre 2011

Dos regalos discográficos Albaceteños



Resulta apasionante para un melómano local poder encontrase, sin tener antecedentes informativos previos, con dos discos CD de un nuevo sello discográfico y comprobar que han sido concebidos por un albacetense, siendo los principales protagonistas del mismo también albaceteños. Después del asombro inicial, la primera impresión que tuve es de curiosidad. Superada su escucha atenta y tranquila, plena satisfacción y agradecimiento por los buenos momentos obtenidos de su escucha.

04 diciembre 2011

Cenerentola para coro, orquesta y algunas voces





Excepto una L’Italiana en Argel en versión de concierto, era la primera vez que se representaba una ópera de Rossini en el Palau de Les Arts desde su inauguración. La producción de “La Cenerentola” que pudimos presenciar el pasado 2 de diciembre procedía del ROF (Rossini Opera Festival) y tiene ya algunos años y cuyo éxito en la cuna del compositor hizo que justificara, en parte, la asistencia a esta función en Valencia. La casa del barón Don Magnifico era un sala llena de muebles que favorecía la idea de decadencia de su dueño y aunque dificultaba los movimientos de los cantantes, les permitía ejecutar sus partes como si estuvieran en un pedestal. Transparencia absoluta en el cambio de escena al salón de baile del príncipe que deja ver el perfecto funcionamiento de la maquinaria escénica pero que detiene la acción más de lo deseado. Excelente la idea de transportar a Cenicienta a través de la chimenea desde la casa del barón al salón del príncipe. En definitiva una propuesta divertida que acentúa la bis cómica pero sin exageraciones. Sin duda lo mejor de la noche, junto a la orquesta, dirección, coro y algunas voces.

03 noviembre 2011

UN PELLEAS Y MELISANDE VISIBLE




«Pelléas et Mélisande», de C. Debussy. Solistas: Y. Beuron, C. Tilling, L. Naouri, Franz-Josef Selig, H. Summers... Dir. escénica: Robert Wilson. Dir. musical: Sylvain Cambreling. Coro y Orquesta titulares del Teatro. 2-11-2011. Teatro Real.

Esta magistral obra maestra, una de las más refinadas de la historia de la ópera, posee sin duda inmarcesibles valores y una originalidad radical. En cierto sentido, «Pelléas» es una antiópera, se ha dicho con frecuencia, y la definición no le desagradaba al propio Debussy, que en 1902 partió del texto teatral del belga Maeterlinck. El deseo de respetar estrictamente la prosodia llevó al compositor a redactar una entonación semihablada, un parlato musical rico en «sfumature», en matices expresivos, en la que es la orquesta la que va marcando el camino temático.

27 octubre 2011

A MEDIAS. Recital de María Bayo en Albacete




El pasado jueves tuvo lugar en el marco del Teatro Circo el primer recital de la gira que María Bayo realizará por Castilla-La Mancha bajo el nombre de ‘Las heroínas de Mozart’, en la que contará como orquesta acompañante con la Orquesta Sinfónica de Albacete, dirigida para la ocasión por Juan Luis Martínez.

El programa incluía oberturas y arias de óperas de W. A. Mozart para soprano lírica.
Llamó la atención del sobrenombre dado al concierto. Dentro del género de recital lírico con orquesta, no entendí a qué venía denominar al concierto como “Las heroínas de Mozart”, ya que normalmente se alude en ópera con este nombre a personajes propios de la óperas serias, generalmente barrocas, capaces de sacrificios personales llegando incluso a perder la vida en ello. En ningún caso ello ocurre en las óperas aludidas en el recital. Suponemos que el sobrenombre es un reclamo para atraer a las personas menos conocedoras del género.

Hay que defender las iniciativas culturales que tienen como protagonistas a nuestros músicos, tanto solistas como agrupados en diferentes conjuntos instrumentales. Además de reivindicar para ellos un protagonismo creciente en la vida cultural de la ciudad en acciones determinadas, pero los responsables de la programación cultural deben saber que colocar a una agrupación en empresas artísticas no adecuadamente concebidas, restan más que suman. No se trata de escoger a una cantante y caer —de forma simple— en la cuenta de que como tenemos una orquesta local, pues la ofrecemos para el evento. Pienso que hay que conocer mejor en qué momento se encuentra solista y agrupación. Sus niveles artísticos son muy distintos, y ello suele dar resultados no esperados, lo que demuestra la nada sencilla tarea de acompañar a una cantante. No quita que podamos pensar que en los restantes conciertos de la gira no vayan a ser mejores. 


En terminos generales las interpretaciones estuvieron imprescisas de cuadratura y de equilibrio entre voz y orquesta. Ésta no era grande —una orquesta clásica— perfectamente adecuada por número para el repertorio, pero ciertamente descompensada por familias, muy escasas las dos violas y los tres cellos —que poca contundencia en la parte grave de la orquesta— para un conjunto con doce violines. Hubo momentos donde se adviertieron más los desajustes como el el “Come scoglio” de Fiordirigli de Così fan Tutte y otros donde se disfrutó de una velada agradable. Mucho me temo que el problema que justifique lo anterior se deba a una falta de ensayos suficientes entre solista y conjunto, en una música, en apariencia sencilla de eschuchar, pero muy difícil de interpretar debido a que la música mozartiana posee una idioma propio tan sólo al alcance de grandes artistas y no tan solo de competentes instrumentistas.

Idioma mozartiano del que la soprano navarra ha dado cuenta en su carrera, y que hemos podido comprobar hace pocos años en su Don Giovanni en el Teatro Real, junto al malogrado, vocalmente, Carlos Álvarez, o su prestación como Rossina en El barbero de Sevilla en el mismo coliseo. También en su disco sobre Mozart editado por Naïve en el año 1997. Pero no todos los personajes mozartianos son interpretados por la Bayo con la misma exquisitez, ni le son afines a sus condiciones vocales. Su voz no posee hoy la frescura de hace años y adolece de dificultades excesivas a la hora superar las fioriture y la necesidad de un mayor cuerpo, apoyo y peso en la zona grave de su tesitura. Mucho más comoda en las arias de Las Bodas de Fígaro pero precipitada y con más apuros de los deseados en las arias más exigentes de Idomeneo, Così y Don Giovanni. Pero es indudable que sus interpretaciones están llenas de buen gusto y sensibilidad, como las que hizo gala en las arias de Las Bodas de Fígaro —cinco de ellas fueron interpretadas de ésta ópera—,  y que sin duda fueron lo mejor del recital.

02 octubre 2011

EXCELENTE INICIO DE LA TEMPORADA 2011



Elektra de Richard Strauss, con libreto de Hugo von Hofmannsthal. Director musical:Semyon Bychkov. Dirección de escena:Klaus Michael Grüber, realizada por Ellen Hammer. Escenografía: Anselm Kiefer. Con Christine Goerke/Deborah Polaski, Manuela Uhl/Ricarda Merbeth y Jane Henschel/Rosalind Plowright. Sinfónica de Madrid. Producción del teatro San Carlo de Nápoles, 2003. Teatro Real, 2 de octubre.



La temporada del Teatro Real diseñada por Mortier ha comenzado con un gran clásico de principios del siglo XX, Elektra de Richard Strauss, en una producción de hace ocho años. Con ello responde a su inquietud por revalorizar el repertorio del siglo pasado, al mismo tiempo que satisface los gustos conservadores en un gesto de pragmatismo completamente alejado de cualquier riesgo. Detrás de esta partitura resuenan ecos de Wagner llevados al límite del arrebato, con progresiones armónicas infinitas y un empuje rítmico infatigable. La intensidad del espectáculo hace que las casi dos horas pasan como un suspiro, dejando la sensación de haber realizado un ejercicio extenuante sin darnos casi cuenta. La enorme orquesta desde luego que se ejercita a plena conciencia, con un frenesí dinámico que el maestro ruso Bychkov supo mantener de principio a fin. La densidad se conjugó con una magnífica organización del tejido sonoro, separando  con claridad los distintos planos. La traza magistral de la partitura brinda esta posibilidad, pero requiere para el envite una formación de primera. Tras el descanso estival, la Orquesta del Teatro Real ha puesto de relieve su calidad y entusiasmo, que se hace más evidente cuando no está sobrecargada de servicios y cuenta con una batuta a la altura de la partitura y de los intérpretes, como aquí ha ocurrido. Los vientos, que gozan de una excelente salud y escuela, pudieron desplegar su nobleza con una enorme calidad; la cuerda fluyó bien conjuntada, con una excelente base de los graves, llenos de siniestros e inquietantes ecos; y la percusión supo administrar con tacto las explosiones requeridas por el discurso. La orquesta es un personaje central de esta tragedia. Su  constante intervención conduce y subraya las evoluciones del psicodrama: la entrada de la reina Clitemnestra, la anagnórisis, o la vertiginosa danza final. La orquesta fue la gran triunfadora de la sesión.

Se alternaban dos repartos, cambiando de uno a otro las tres principales voces femeninas. Christine Goerke derrocha una gran frescura vocal como Elektra, pero Deborah Polaski, más limitada en el registro agudo, la supera en sutileza interpretativa y en matices expresivos. La Elektra discográfica de Barenboim y el propio Bychkov tiene una veteranía teatral que no está al alcance de cualquiera. Su construcción del personaje es profunda. Polaski fue la gran triunfadora del segundo reparto. Hablando de grabaciones, Jane Henschel y Manuela Uhl son la Klytämnestra y Chrysothemis, respectivamente del DVD de 2010 de la Filarmónica de Munich dirigida por Thielemann en una puesta en escena de Wernicke. Casi nada.

La puesta en escena del maestro Grüber es funcional y clasicista, pero no tan expresiva como la parte musical. No me convenció la dirección ni el movimiento de los personajes. Da la sensación de que se convierte la necesidad en virtud, aunque las torpezas pudieran ser consecuencia de que la producción se ha embotado por la ausencia de su creador, que murió hace tres años. El decorado sugiere un búnker de hormigón en algún territorio en guerra. Sus cuatro alturas resultan muy espectaculares y configuran un espacio cerrado y opresivo, con referencias a la gramática de la arquitectura clásica. La iluminación se ciñe eficazmente a los distintos climas emocionales mientras que, por el contrario, el vestuario de camisones y gabardinas parece muy convencional. El déficit contrarresta el carácter de denuncia que podría entrañar el concepto escénico, con alusiones críticas a la guerra. La producción del año 2003, procedente de Teatro San Carlo de Nápoles, ha sido una estupenda obertura para la singular temporada que este año ofrece el Teatro Real. Ha sido un grandioso espectáculo de las emociones, una gran catarsis de música y teatro.





28 febrero 2011

UN CONCIERTO LÍRICO PARA RECORDAR


Estas son las ocasiones en las que más satisfacción me produce poder escribir sobre la vida musical de nuestra ciudad, y que por tanto más agradecido me siento a La Tribuna por permitirmelo.


La gala lirica, —que poco tino en la denominación; una gala es interpretada, según la costumbre, por varias voces solistas o en conjunto— que tuvo lugar en el Teatro Circo el pasado día 9 de febrero se recordará como una de las mejores veladas líricas y una de las más emotivas realizadas en Albacete en los últimos tiempos, además de por sus cualidades musicales, por el hecho coadyuvante de que sus protagonistas, José Ferro y la OSA, fueran vecinos, conocidos e incluso amigos de muchos de nosotros.


La velada ofrecía un programa interesante en dos partes, cada una con un carácter especial. La primera parte, en el ámbito del lied, con dos de los Lieder eines Fahrendes Gesselen de Mahler, uno de Wolf y cinco de Schubert, cuatro de los cuales fueron orquestados por el director, J.L. Martínez. En esta parte nos causó alguna decepción la no interpretación del ciclo completo de las canciones de Mahler. Por otro lado no a todos los lieder —Schubert y Wolf— les sienta bien la orquestación de la parte pianística original para la que estaban concebidos, destruye su atmosfera. En cualquier caso la prestación vocal estuvo muy bien en todos ellos, por idoma e idoneidad vocal —su timbre oscuro es muy afín a este repertorio—, sólo empañado por algunos desajustes en la simultaneidad entre los pentagramas de instrumentos y voz, una tónica que estuvo presente en todo el concierto, debido, sin duda, a la falta de ensayos (¿no fue ésto quizás la causa de la retirada de los dos lieder de Mahler?).


La segunda parte estuvo dedicada en su totalidad a la atmosfera operística. Mozart (instrumental), Wagner, Bizet y Puccini, probablemente las actuales afinidades del cantante albaceteño. La obertura de las mozartianas Bodas de Figaro estuvo ejecutada con la exacta bis teatral que juastifica su función, y este es lo mejor que se puede decir de una interpretación de un fragmento musical teatral del XVIII. Ritmo y transiciones ágiles, estabilidad de conjunto y prestaciones solísticas destacables en el entramado contrapuntístico; una sorpresa pues muy agradable, con unos medios orquestales –por número de músicos— muy adecuados.


No se puede decir lo mismo de los medios necesarios para Wagner, cuya orquesta suelen estar más nutridas, pero fueron suficientes para disfrutar —rara vez ocurre en nuestra ciudad— de interpretaciones de fragmentos de óperas wagnerianas de la calidad de las escritas para Lohengrin y Maestros cantores de Nurnberg. Todos ellos fueron interpretados a muy alto nivel, lo que demuestra que José Ferrero se encuentra embebido del lenguaje y el estilo del creador germano.


Con un cambio total de lenguaje musical y literario se dio paso al último bloque del concierto, que se inició con un intermezzo orquestal de Carmen de Bizet, algo pobre por el error del arpa en el acopañamiento solista de la flauta. De esta misma ópera el cantante albaceteño ofreció una de las arias más célebres del repertorio “la fleur que tu m’avais jetée” de Don José, que levantó el entusiasmo del público y con razón, pero que con la vehemencia en su interpretación le resta algo de verdad, si es que ésta existe en música. Lo mismo ocurrió con el aria de Cavaradossi de Tosca de Puccini, aunque aquí más justificado por ser la más verista de las óperas de este autor, pero yo —y digo, yo— sigo pensando que a esta página le viene bien un apasionamiento ma non troppo.


En fin, una excelente velada —aunque con desajustes propios de pocos ensayos— que decubre a un cantante maduro, que ha experimentado en los últimos tiempos una preparación y calidad que justifica que, en una cuerda donde hay crisis de buenos intérpretes, se abra un hueco en los teatros más importantes de nuestro país y Europa. Nos alegramos por él y por nosotros. Felicitaciones a la orquesta y a su director. Los organizadores esta vez han acertado de pleno.