04 diciembre 2011

Cenerentola para coro, orquesta y algunas voces





Excepto una L’Italiana en Argel en versión de concierto, era la primera vez que se representaba una ópera de Rossini en el Palau de Les Arts desde su inauguración. La producción de “La Cenerentola” que pudimos presenciar el pasado 2 de diciembre procedía del ROF (Rossini Opera Festival) y tiene ya algunos años y cuyo éxito en la cuna del compositor hizo que justificara, en parte, la asistencia a esta función en Valencia. La casa del barón Don Magnifico era un sala llena de muebles que favorecía la idea de decadencia de su dueño y aunque dificultaba los movimientos de los cantantes, les permitía ejecutar sus partes como si estuvieran en un pedestal. Transparencia absoluta en el cambio de escena al salón de baile del príncipe que deja ver el perfecto funcionamiento de la maquinaria escénica pero que detiene la acción más de lo deseado. Excelente la idea de transportar a Cenicienta a través de la chimenea desde la casa del barón al salón del príncipe. En definitiva una propuesta divertida que acentúa la bis cómica pero sin exageraciones. Sin duda lo mejor de la noche, junto a la orquesta, dirección, coro y algunas voces.

El directos italiano Michele Mariotti, hijo del sobreintendente del ROF, hizo una lectura interesante, quizás no del todo filológica como uno esperaría siendo paisano de Rossini, pero le imprimió vuelo lírico, permitiendo con unos tempi no excesivamente rápidos disfrutar del contrapunto rossiniano, a veces enmascarado por su pasión por los pasajes rítmicos y sus crescendi tan característicos. La orquesta sonó formidable. He de reconocer que es una de los aspectos que más me atraen al asistir a este teatro –cuando esta orquesta toca, claro–, aunque es cierto que en algunos momentos voces y orquesta no guardaron la cuadratura que exige la partitura. El coro igualmente a un alto nivel, esta vez solo con voces masculinas, según partitura.

Las voces fueron otra cosa. Serena Malfi, estuvo casi siempre inexpresiva, como si leyera la partitura por primer vez, tiene un color agradable pero su mala proyección apenas rebasa la orquesta y no se distingue en los números de conjunto. El último número de la ópera “non piu mesta” fue el corolario de todas sus insuficiencias, com notas expetadas como proyectiles, mala coloratura y desafinación de algunas notas. Al volver a casa tuve que escuchar a Cecilia Bartoli en su disco Decca dirigida por Chailly para convencerme de porqué me gusta tanto la música de Rossini.

El Ramiro del tenor ruso Dmitri Korchak, fue de lo mejor de la noche aunque su falta de agilidades no le harán un tenor especializado en este repertorio como nuestro apreciado JDF, pero su voz timbrada y bien proyectada hizo que sea tenido en cuenta en futuros repartos (ya cantó Lensky en Eugenio Onieguin y esta misma temporada hará Don Ottavio de Don Giovanni). Su “Si, ritrovarla io giuro” fue lo mejor interpretado vocalmente de la noche.

Otra voz importante fue la de Paolo Bordogna en un Don Magnífico irreprochable en cuanto a lo actoral, sabiendo dotar al rol del carácter bufo que requiere, y dando muestra de una voz potente, fresca, bien manejada y atractiva.

La primera de las penas de la noche fue el Dandini —un personaje interesantísimo vocal y dramáticamente— que ofrecio el barítono Mario Cassi, sin fiato negado para las coloraturas de voz pastosa y poco clara. Recuerdo que el joven asturiano David Mendendez, hizo mejor interpretación junto a JDF y Joyce di Donato en el Liceu (lo sabrán en el Palau…). La segunda pena fue el bajo Simon Lim en Alidoro, destimbrado, con voz entubada y sin peso suficiente en la zona grave.

Las dos hermanastras encarnadas por Cristina Faus y María José Moreno estuvieron bien en términos generales, aunque mejor en los dúos que por separado y así, mejor la segunda de ellas, con una mejor voz.

En fin función satisfactoria en términos generales, pero algo decepcionante en lo vocal, sobretodod en su protagonista.

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