Venimos siguiendo desde hace años a este joven cantante —tiene tan sólo 43 años— y estamos observando la que es una carrera meteórica en ascenso, provocada por la necesidad de disfrutar de voces verdaderamente relevantes por el público aficionado que asiste a los teatros de ópera.
A la importante participación que le hemos visto —el último fue el Pasifal del Metropolitan de Nueva York—, que en nuestra ciudad pudimos ver gracias a la retransmisiones en directo de Cines Yelmo, se suma la publicación de este importante disco que hace un retrato de los personajes más afines al cantante y que le solicitan de todos los teatros de ópera del mundo.
En su último disco el tenor muniqués celebra el bicentenario de Wagner con un esplendido recital al que suma la ventaja de tener un wagneriano de raza, Donald Runnicles, al frente de la orquesta de la Deutsche Oper berlinesa, una asociación que es ideal complemento con el cantante.
La voz se halla en absoluta plenitud; robusta, densa, viril, oscura (mas allá de los reparos de algunos críticos hacia su técnica de emisión o el engolamiento que otros le reprochan) con la resonancia baritonal que lo acerca al sonido del tenor heroico hoy prácticamente extinguido, aunque en instancias abuse de la impostación baja. Artista inteligente e intérprete moderno, Kaufmann es un mago de las dinámicas y crescendos, que añade una entrega probada por interpretaciones intensas de infrecuente soltura y musicalidad, sin contar con la impecable dicción en su idioma natal.
Siegmund y Lohengrin, sus dos personajes wagnerianos de mayor relevancia, están representados con Ein Schwert verhiess mir der Vater y su ya clásico In fernem Land cuyos pianissimi han despertado admiración, y no poca controversia. Después de una exquisita plegaria de Rienzi aborda dos arduos papeles que ojalá no intente en escena —al menos por ahora— Tannhäuser y su narración de Roma y Siegfried y los murmullos de la foresta. En ambos emerge victorioso, un Tannhäuser de impresionante espectro dramático en todo sentido y un Siegfried como hoy no se escucha, detallado, juvenil, fresco y con una enunciación tan inmaculada como la orquesta que lo enmarca.
Curiosa la inclusión de los Wesendonck Lieder, en la orquestación de Félix Mottl y raramente escuchado por voces masculinas.
Inmejorable aportación al año Wagner con un Kaufmann que indudablemente traerá nuevos adeptos a su música en una grabación óptima bajo una batuta y orquesta que saben lo que hacen. Sencillamente irresistible.

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