20 junio 2015

"LIBRE PERO SOLITARIO" SR. BRAHMS

 
 
Toda la música de cámara de Brahms se encuentra entre mis preferidas; ninguna de sus obras de este género tiene desperdicio en este músico tan perfeccionista y escrupulso por protegerse de la sombra del gran Beethoven. ¡Cuánto le costó parir estos cuartetos! que cubren un vacio de casi treinta años del siglo XIX sin grandes obras para esta formación. Su tres cuartetos son monumentos de la música clásica, por ser respetuosos con la forma, al tiempo que exploran y sirven de puente progresivo entre la primera escuela de Viena (Mozart, Haydn y Beethoven) y la segunda (Schoenberg, Berg y Webern).

El Cuarteto Quiroga, al que oí en vivo hace unos meses en Cuenca en un concierto para mi inolvidable, está ya entre mis preferidos porque cada uno de ellos son unos músicos excelentes y porque en conjunto se superan.
No es nada fácil acercarse a estas cumbres de la música —quizás de ahí el simbolismo de la foto de portada—. Requieren de un estudio concienzudo de las partituras y una exhaustiva planificación de cada movimiento con sus distintos planos sonoros, innovaciones rítmicas y contrapuntísticas, pero sobre todo de una interpretación de un equilibrio exquisito.

Pues bien, todo ello lo he encontrado en este maravilloso disco del Cuarteto Quiroga, que, junto a la lectura del libro de Cibrán Sierra Vázquez, sobre el Cuarteto de Cuerda, me han aportado el mejor aprendizaje musical en los últimos días.
La edición del disco es modélica (del sello holandés Cobra): el diseño del cuadernillo, las notas de Helena, la chelista, la grabación, y hasta el guiño de la inclusión de una breve pieza sobre una canción tradicional alemana arreglada para cuarteto por el autor que sirve de colofón al disco, en forma de vuelta a la calma, y en el que se escucha a un sólo instrumento, cuando suenan los cuatro, que es el mejor halago que se puede hacer de un cuarteto.

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