29 mayo 2015

LA ACCADEMIA DEL PIACERE: JUAN SANCHO Y FAHMI ALQHAI EMOCIONAN CON LA MÚSICA DE JUAN HIDALGO.



No he investigado si Juan Hidalgo es antepasado mío —ya me gustaría—: sea así o no Juan Hidalgo fue el músico más notable de la corte española a lo largo del siglo XVII. Se dedicó al teatro, componiendo primero tonos humanos (una especie de arias) y canciones y, más tarde, colaborando con el dramaturgo Pedro Calderón de la Barca en la obra "Celos aun del aire matan" (1660), considerada la ópera más antigua de cuantas se conservan en España. De ahí su importancia histórica y cultural.


En 2014 se cumplió el cuarto centenario de su nacimiento, pero la efeméride no dejó ningún legado en forma de grabación discográfica—los españoles somos así—, por eso este disco, aun sin ser un monográfico, viene ahora a reparar tamaña injusticia con este disco “Cantar de amor”, en el que figuran tonos humanos del compositor madrileño. Todo ello, con el sello de Fahmi Alqhai, quien además de dirigir al grupo La Accademia del piacere y tocar la viola da gamba —excepcionalmente bien— ha arreglado las piezas. Éste ha tenido el acierto de seleccionar para este trabajo dos incomparables joyas de la producción de Hidalgo, cuales son: "La noche tenebrosa" y "Esperar, sentir, morir" cuya ejecución literalmente nos pone los vellos de punta. Pura emoción.
Mención aparte y destacada para el tenor sevillano Juan Sancho. ¡Qué voz tan bella! ¡Qué inteligentemente manejada! ¡Qué musicalidad!. ¡Qué expresión!... es un verdadero especialista de la música vocal barroca por adecuación vocal.
Este es un disco imprescindible: una lección de historia de la cultura española y de arte musical barroco. No me canso de escucharlo.
Una muestra de este "Cantar de Amor" es la maravillosa letra de este tono humano —qué forma tan bella de nombrar esta música— y cuya música es igualmente maravillosa en las manos de estos músicos.

LA NOCHE TENEBROSA (de "Celos hacen estrellas" de Juan Vélez de Guevara)
La noche tenebrosa
que en sombras se dilata
y con luces de plata
no acierta a ser hermosa,
madre de la pereza,
en el descanso olvida la tristeza.

El triste enamorado,
que, ausente de su gloria,
teme que la memoria
su fineza ha olvidado,
y, aunque en ansias tropieza,
en el descanso olvida la tristeza.

El pajarillo amante
que de un ingrato olvido
halló en ajeno nido
las señas de inconstante,
aunque a gemir empieza,
en el descanso olvida la tristeza.

La fiera que, aunque calla
silvestres regocijos,
cuando pierde los hijos
sólo bramidos halla,
rendida su fiereza,
en el descanso olvida la tristeza.

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