Primer concierto en Cuenca (SMRC 29 de marzo 2015) y primer acierto. Javier Perianes ha estado soberbio. El programa —nada fácil— exquisito. Y su forma de tocar trasciende las dificultades para ofrecer el estilo justo que cada pieza precisaba. Elegir lo mejor es difícil ante tanta calidad, pero me quedo con el Debussy de l'isle yoyeuse.
De nuevo he pasado envidia por lo bien que suena la sala de cámara del auditorio de Cuenca.
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Hoy he escuchado (30 de marzo 2015) en la iglesia de la Merced, ahora biblioteca de la Universidad, un concierto de The Tallis Scholars, dirigidos por Peter Philips, y que puso el cartel de aforo completo, posiblemente por ser el mejor conjunto de la actualidad en el repertorio de la polifonía europea de los siglos XVI y XVII. Sólo cuando abren la boca te das cuenta de que su perfección se encuentra en la homogeneidad y el empaste vocal —a base de trabajo— de todos ellos, y en una dirección que hizo que lo de ayer se nos presentara como una experiencia única. Nunca había escuchado en directo este repertorio con la calidad sobrecogedora de estos cantantes.
Un par de horas después en la Iglesia de San Miguel, convertida ahora en una de las mejores salas de concierto del país por su acústica, una nueva experiencia única. Todas las suites para cello solo de JSBACH, tocadas por Jean-Guihen Queyras. Es necesario escucharlas todas para apreciar este trabajo tan soberbio del maestro alemán. Y para determinar que las tercera y la sexta suites son posiblemente las mejores. Como el intérprete las tocó en último lugar dejó al oyente, después de dos horas de concierto absolutamente entregado, aun tratándose de formas de interpretar modernas, no históricamente informadas.
Vamos que la palabra que más repetí ayer por la tarde fue la de bravo.
Viaje relámpago a Cuenca esta mañana, 3 de abril de 2015 —ida y vuelta— para asistir a un concierto que me ha dejado una huella imborrable. Mi interés era el Cuarteto Quiroga que junto al Casals es uno de los mejores de nuestro país y al que conocía sólo por un disco. El programa era un auténtico acierto al incluir el cuarteto de Schubert "La muerte y la doncella", obra cumbre de la música de cámara de todos los tiempos, y “Black Angels" de compositor americano —aun vivo— George Crumb, una obra de rara y difícil escucha —por lo complejo de su interpretación—, que cita en sus notas al cuarteto de Schubert. De ahí la relación entre ambas, aunque entre ellas exista un arco temporal de un siglo y medio en la fecha de su creación.
La interpretación del cuarteto de Schubert me ha parecido exquisita, distinta, fresca y arriesgada al extremar las dinámicas para conseguir una suerte de dramatismo que la obra necesita, por ello actualizándola, aunque pueda parecer ajena menos romántica y mas expresionista, diría. La obra de Crumb ha sido todo un hallazgo. Es increíble, no se puede sacar más música —y ruido, a veces— de cuatro intérpretes. Instrumentos de percusión y técnicas de tocar, que en la música de hoy son habituales pero que cuando ésta fue creada, 1970 —fue escrita bajo influencia de la guerra del Vietnam—, eran un hallazgo. La interpretación del Quiroga deja literalmente estupefactos.
En fin no es extraño que algunas personas de Albacete se molesten en viajar a la ciudad vecina a disfrutar de estos "acontecimientos musicales", son inimaginables por estos lares... y por otros si nos atenemos al numeroso público foráneo presente esta mañana en el Auditorio de Cuenca. Y proclamo otra vez, una maravilla de acústica de este edificio.






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