
Aun sin haber nada especial en la función –salvo la música de Janacek– me ha parecido una representación sensacional, como todas las óperas de Janacek que he escuchado en el Teatro Real, una de las mejores iniciativas que se hayan llevado a cabo desde su reinauguración. Todas las representaciones de las óperas de Janacek han sido éxitos absolutos y ésta no iba a ser menos.
Vocalmente Amanda Roocroft vaciló un poco en el primer acto pero en el segundo estuvo espléndida voz de timbre bello, homogénea en todas las tesituras, buena actriz. Los dos tenores, Nikolai Shukoff y Miroslav Dvorsky, estuvieron muy bien, sobre todo el que desempeño el papel de Laca. Pero la mejor de la noche fue Deborah Polaski, como Sacristana, voz de soprano dramática, a veces no homogénea o desigual, y con algún problema técnico de proyección, pero canto con una lectura de su personaje muy impresionante teatralmente por la matización de la psicología del personaje.
Ivor Bolton dirigió con mucha solvencia y salvo algún momento en el que flaqueó su concertación con los cantantes o otros en los que hacía falta una tímbrica más incisiva, estuvio bastante bien. Supo sacar de la poco virtuosa Sinfónica de Madrid un sonido admirable, aunque no en todas las familias de instrumentos como en los metales, algo pobres.
La puesta en escena fue otro de los aspectos que destacaron de esta representación. Era debida a Stéphane Braunschweig y supo ofrecer una puesta de concepto moderno, claustrofóbica como la trama argumental, con buena iluminacion y buena dirección de cantantes. Excelente el detalle del simbólico molino.
En fin una función redonda. Pleno de satisfacción.
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