20 noviembre 2005


JUAN DIEGO FLÓREZ
El tenor del siglo XXI


Después de repasar su agenda hasta el 2010 parece que la mayor servidumbre por la que pudiera atravesar Juan Diego Florez sea la de ir de aquí para allá por aeropuertos y aviones para tener que contentar a tantos aficionados ávidos de poder sentir su voz en vivo. Para aquellos que hemos tenido la suerte de poder hacerlo en varias ocasiones tanto en ópera como en recital, sentimos una especial emoción por poder tener a esta voz en nuestra ciudad, sobretodo por que nuestra filantropía como melómanos tiene sentido al desear que otros puedan compartir con nosotros semejante experiencia.

Evidentemente para todo buen aficionado a la ópera esta voz no le será ya desconocida, pues refulge en el panorama musical mundial y trasciende a éste para situarse en el foco de atención de los intereses del mercado y de los medios que lo sirven. Flórez está de moda y podemos pronosticar que lo estará siempre. Es un artista revelación pues se observan en él cualidades vocales y expresivas muy por encima de algunos de los grandes del género de ayer y de hoy. Y ello en una época donde los teatros son cada vez más numerosos, las temporadas de óperas más ambiciosas, las orquestas suenan mejor y las puestas en escena se realizan con mayores medios:; en sentido contrario en el aspecto canoro no se vive una situación tan favorable como otrora. Pero ello, ni empaña, ni afecta lo más mínimo a su personalidad musical, pues posee una inteligencia e intuición musical que son un valor añadido a su arte canoro.

Se han intentado hacer paralelismos con otras voces pretéritas, incluso algún cantante otrora admirado por la belleza de su voz le ha designado como su sucesor; me imagino que sólo en aplicación de similar calificativo a su voz, pero poco más. Nada tiene que ver Pavarotti con Flórez, salvo que ambos han ostentado u ostentan la corona de su reinado, uno en el trono del verismo y el actual en el del Bel Canto.

En Flórez los críticos musicales están viendo un acoplamiento como los grandes tenores del pasado entre la maravilla de su cantar y la uniformidad y solidez de su instrumento. Está dotado de una voz privilegiada de tenor ligero y posee la facilidad para emitir en toda la extensión de su tesitura con timbre brillante y gran volumen de forma homogénea. Destaca también por una dicción muy clara y perfecta articulación sin quitar ligereza al fraseo. Vocales abiertas y consonantes limpias le ayudan a obtener una expresión impoluta. La mandíbula laxa y los labios sin tensión, le permiten hacer fácil lo que para otros cantantes es un auténtico suplicio: que su rostro exprese la emoción de lo que están cantando, porque el esfuerzo no está en la garganta y su producción vocal es correcta, sana. Mantiene un legato fluido con gran dominio de las dinámicas, así como una gran agilidad para los pasajes de escritura más virtuosística como las fiorituras, siendo incisivo y con gran mordiente en los pasajes en staccato. No se observa en su emisión la más leve sonoridad nasal, ni la tendencia a falsetear ni cubrir hasta engolar los agudos extremos, como resuelven con la técnica tradicional muchos cantantes. Esta forma de cantar más «natural» puede que entronque con sus intereses juveniles con la música popular peruana y el rock, o su admiración por cantantes populares como Chabuca Grande o las nuevas trovas latinoamericanas de los años 80. No quiero olvidar que su capacidad para penetrar en la piel de su personaje en una perfecta simbiosis entre teatro y música.
Ya es un cantante carismático porque conjuga ética y estética, talento y gracia, juventud y estilo personal. Su presencia en escena no pasa desapercibida: sus movimientos son los justos, nada de afectación ni exceso, ningún amaneramiento y aunque tiene buena presencia física, para lograr la perfección podría tener mayor complexión corporal que le permitiera encarnar todo tipo de personajes teatrales. Digo esto último para no pecar de excesivo ensimismamiento hacia el artista extraordinario y sentir que a pesar de la belleza de su voz, es humano y terrenal.


Javier Hidalgo

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